Domingo 12 de Octubre de 2008
En dos cartas anteriores sobre los incidentes en un partido entre Jockey Club y Old Resian, las lectoras olvidan que ese domingo los chicos integrantes del M 17 de ambos equipos pasaron por alto lo que el rugby enseña. Primaron en esa oportunidad las piñas, trompadas, patadas y palabrotas. Quiero aclarar que yo también tengo un hijo en el M 17 del club Atlético del Rosario y conozco de cerca las enseñanzas que ellos reciben. Pero en ese partido, lamentablemente, nada de eso se vio. Tanto jugadores, como padres, entrenadores, managers y director técnico deberán hacerse cargo de esta batalla campal y cumplir con las sanciones que les corresponden. Es de esperar que de ahora en más no vuelvan a ofrecer semejante espectáculo, que no hace bien a nadie.
María del Carmen Hernández