Fútbol

Neokit Covid-19 hecho en Argentina

Es motivo de esperanza que un instituto público-privado argentino haya desarrollado un test para detectar el virus de manera más rápida y barata que los ya existentes.

Viernes 22 de Mayo de 2020

Es motivo de esperanza que un instituto público-privado argentino haya desarrollado un test para detectar el virus de manera más rápida y barata que los ya existentes. Pero para que esto pueda ser replicado en otros ámbitos de nuestro país debemos prestar atención a algunos detalles de este anuncio. "Rápido", debido a que si no se logra en un tiempo determinado, la información que suministra pierde efectividad para la toma de decisiones y el combate de la pandemia. "Barato", porque los recursos económicos para su fabricación son escasos, y de su costo va a depender la cantidad que pueda producirse, y por ende el número de testeos a realizar. "Público-privado", ya que las características arriba mencionadas son las que busca cualquier firma privada para que su producto o servicio sea elegido en lugar del de la competencia. Pero para que empresas que demandan gran inversión en investigación y desarrollo lleguen a existir se necesita en ocasiones que el Estado brinde la financiación y la protección adecuadas. Por último, para que estos proyectos no terminen en la dilapidación de recursos públicos, en beneficio de unos pocos que llenan sus bolsillos, y en detrimento de la mayoría de los ciudadanos que lo financiaron con el pago de impuestos, se requiere transparencia, o sea la publicación periódica de manera clara y precisa del destino de los fondos y los resultados obtenidos, como también un contralor con el poder y la independencia suficientes para evitar cualquier desvío del objetivo buscado, que es el bien público.

Flavio Sfulcini

Un rival inesperado

Tuve de rival al Trinche Carlovich en el torneo de fútbol interno de Provincial. Ya conocía de su fama de jugador sin igual que se comentaba en los ambientes de fútbol. Lo vi por primera vez y en una cancha. Me llamó la atención su aspecto desgarbado, su cansino caminar. Mi equipo se llamaba Neptuno, no recuerdo cómo se llamaba el equipo al que él pertenecía, pero sé que nos ganaron. Cuándo la pelota llegaba a sus pies, sabíamos que era imposible rescatarla, porque la protegía de una manera inexpugnable. Era el patrón del medio campo y le pertenecía, sin que nadie osara disputársela. Un exquisito en el manejo del balón, lo distribuía de un modo elegante y certero. Un deleite para nosotros mismos, los adversarios, y para el público en general que se acercaba a la cancha para verlo jugar. Mucho se ha escrito sobre el Trinche y se seguirá escribiendo. La transmisión oral de su leyenda en la época de la imagen, las redes sociales e internet es algo notable. ¡Quién lo hubiera pensado! El famoso partido que la Selección Rosarina de fútbol le ganó, con "baile" y todo, a la Selección Argentina en 1974 adquiere una dimensión inimaginable, a pesar de que no hay registro fílmico alguno. El Trinche se fue de la peor manera posible. Representó al fútbol irreverente y creativo. A él sólo le gustaba jugar al fútbol, así de simple, sin buscar el estrellato. Dijo, en un reportaje, que cuando era chico jugaba al fútbol por todos los potreros que iba descubriendo cuando transitaba la ciudad. "Si me tiraban un ladrillo lo cabeceaba", dijo, no le rehuía a nada. La Leyenda del Trinche seguirá creciendo día a día, pero ahora, es el turno del mito.

Alejo Vercesi

El riesgo de ser viejo

Yo soy una persona de 74 años, estoy activo y pienso al respecto que viejo es el que quiere serlo, y no el que cumple años, pero lamentablemente hay limitaciones que se nos van incorporando con la edad y que no se pueden ocultar, y lo más triste es que son inevitables y progresivas. No me siento para nada pasivo, pero creo que no me puedo comparar con personas más jóvenes, que son más ágiles, más lúcidos y con mayores reflejos, todos atributos que se van perdiendo con el tiempo vivido, del cual disfruté y disfruto mucho, pero siempre haciendo las cosas conforme a la edad y a su debido tiempo, y creo que es por ese convencimiento, que no me molesta para nada que se dicten políticas de protección a las personas mayores, lo mismo que me da mucha felicidad que mis nietos me llamen abuelo o "Ñoño", como me dice uno de ellos, y que me cuiden cada vez más. La madurez y la experiencia nos tienen que servir para saber vivir la vida felizmente, a cualquier edad.

Esteban Giannuzzi

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario