Martes 23 de Septiembre de 2008
Estar cautivo de alguna de las empresas de televisión por cable que tiene la ciuidad (Multicanal y Cablevisión) es una desgracia. Primero cambiaron toda la grilla de canales, después desaparecieron algunos buenos espacios de cine y además aparecieron tres señales sin transmisión alguna. Durante los Juegos Olímpicos pasaron películas viejas en lugar de los envíos originales de Canal 7 sobre las competencias. Lo concreto es que un servicio de entretenimiento se ha convertido en un aburrimiento. Casi nunca hay nada interesante para ver y menos buenas películas. Ni siquiera si uno paga importantes montos por los paquetes codificados, que suelen ser un fiasco. Ya ni la revista forma parte de un servicio cada vez más caro: hay que comprarla en los quioscos o resignarse a recibir apenas un pequeño muestrario con la programación desde las cinco de la tarde. Una vergüenza.
Alicia Paredes