Jueves 26 de Enero de 2023
Nadie parece haber notado que en el estadio de Rosario Central hace un tiempo se han hecho algunas modificaciones en las tribunas; a saber, en las tribunas populares bajas detrás de los arcos, bien en el centro, se quitaron los paravalanchas, es decir, parecería que el concepto de la seguridad de los espectadores en este caso marcha al revçes que lo que se supone que es el sentido común, como ser que para evitar las avalanchas, deben colocarse las vallas que, a la inversa, en el estadio de Arroyito fueron retiradas, siendo incomprensible tamaña medida.
Y en la tribuna popular alta que da espaldas al Club Regatas, ahora también a la inversa, se adosó a los antiguos paravalanchas que datan desde la construcción de dicha tribuna previo al Mundial 1978, uniéndolos, una especie de paravalanchas de mayor longitud y al parecer formado por dos caños adosados el uno al otro, como para que quepa un pie. ¿Se trata de una solicitud especial de los "muchachos de los paravalanchas"? a los dirigentes auriazules, ¿en buenas formas o con apriete incluido?, o los dirigentes, en una clásica muestra de brillante imaginación, por las suyas decidieron darle comodidad a los "muchachos".
¿Cómo es posible que la popular alta de espaldas a Regatas pierda buena parte de su capacidad? puesto que gracias a esos largos caños, en donde se ponen de pie los "muchachos de los paravalanchas" se acomoda menos público, y no precisamente el hincha "común", sino que como se cita mas arriba, son los "muchachos" a los cuales tan afecta es la expresidenta Cristina Kirchner, quienes se sitúan en esa tribuna copando prácticamente el cincuenta por ciento del espacio disponible.
Cuesta creer que los dirigentes se presten a esta clase de cosas. Pero, si recordamos que en vez de erradicar a los violentos de las canchas, se crearon los "pulmones", los tejidos dividiendo sectores, locales de visitantes, cuando estos últimos todavía podían acceder a un estadio, los "techos" para frenar objetos que de la bandeja alta arrojaban sobre la baja, la prohibición del publico visitante, como si fueran violentos y afectos al desmán. No puede extrañar mucho de que un estadio de fútbol sea un fiel reflejo de lo que es este país, es decir, gracias a que los protegen a "algunos", los delincuentes conviven con el resto de la sociedad, en las calles, en los restaurants o en un estadio de fútbol.
Miguel A. Decunto