Cartas de lectores

Maduro dice que se parece a Stalin, pero aclara que no es un dictador

El mandatario venezolano cuestionó las sanciones de EEUU, y descartó que el chavismo cometiera fraude en las elecciones regionales

Miércoles 18 de Octubre de 2017

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, dijo ayer que el gobierno de Estados Unidos se equivoca al llamarlo dictador y que se puede parecer al dictador comunista soviético Josef Stalin, pero que él no es Stalin. Maduro hizo la referencia al invitar a inversionistas estadounidenses, a pesar de las sanciones aplicadas por el gobierno de Washington que impiden realizar una serie de negocios. "Nosotros no somos los monstruos stalinistas que ustedes creen, ese mundo ha pasado. Yo tengo bigote, me parezco a Stalin, pero no soy Stalin. Yo les tiendo mi mano a los peores enemigos de Venezuela. Ustedes verán si siguen perdiendo el tiempo con los fracasados de la derecha venezolana", señaló. En una rueda de prensa, Maduro afirmó que las sanciones aprobadas por el presidente estadounidense Donald Trump contra funcionarios venezolanos perjudican también a los inversionistas estadounidenses.

Maduro dijo que medir a Venezuela con los esquemas de la Guerra Fría es "obsoleto, denigrante y fracasado". "Yo diría que están cometiendo un error al vernos con los ojos de la Guerra Fría, sus asesores están haciendo equivocar (a Trump), Venezuela no es un país comunista de la Europa del Este, es un país libre, democrático. Yo no soy un dictador y el pueblo venezolano no aceptaría un dictador. Yo soy un obrero, un trabajador, pero un luchador, creo en la palabra y en la diplomacia". Agregó que no se puede "arremeter"contra un país democrático, al medirlo con visiones de la pasada la Guerra Fría, de lo cual responsabilizó al senador estadounidense Marco Rubio. "Ojalá Washington no tenga esa visión parcializada que tiene Marco Rubio", dijo e invitó al legislador conservador a Venezuela para conversar.

Merkel y Rajoy

Maduro afirmó que las sanciones de Estados Unidos contribuyeron al triunfo del chavismo en las elecciones regionales del domingo, en las que obtuvo 18 de 23 gobernaciones, pues la "agresión"de Trump hizo que los venezolanos salieran a votar. "Mientras más nos agreden, más nos fortalecemos, porque a los venezolanos no les gusta que nadie los ningunee. Por aquí corre sangre del Libertador, del más grande de los grandes de América, Simón Bolívar", dijo al señalar las venas de su antebrazo derecho. Maduro señaló que la victoria en las regionales significa que el oficialismo ganó el 78 por ciento de las gobernaciones en disputa y 54 por ciento del voto nacional,lo que comparó con las victorias de Mariano Rajoy en España y Angela Merkel en Alemania. Dijo que el jefe del gobierno español ganó con 14 por ciento del padrón electoral y la canciller alemana con 33 por ciento de los votos emitidos. "Merkel ganó con 33 por ciento la cuarta reelección. Como es la cuarta en Europa dicen que sí es una demócrata, pero si Evo (Morales, en Bolivia) busca la tercera aquí es un dictador. Merkel ganó con 33 por ciento y los titulares decían que arrasó. Ganó con 18 por ciento del padrón electoral, el 33 por ciento de los votantes y es una gran demócrata. Nadie en el mundo tiene la fuerza política y democrática que tenemos en Venezuela", aseveró.

Asimismo, rechazó las dudas expresadas por el gobierno de Canadá sobre las elecciones regionales, sobre las cuales dijo que no fueron equilibradas. Maduro calificó de "estúpida"la reacción del gobierno de Canadá y advirtió que si no le interesa Venezuela puede irse. "¡Qué carrizo (carajo) nos interesa lo que diga Canadá! Gobierno insolente, estúpido. Si ni les importa Venezuela váyanse de aquí", señaló. Agregó que la posición de Canadá le falta el respeto a 11.100.000 venezolanos que votaron el domingo. "¿Cómo convencer a esos 11.100.000 de electores que no fue una votación libre? Si fueron a votar pregunten si los obligaron a ir a votar. Se lo pregunto a esos 11.100.000 millones", insistió. Dijo además que la victoria del oficialismo forma parte de una nueva ola de victorias progresistas en la región, después del equilibrio que se estableció tras la salida de la presidenta Dilma Rousseff en Brasil y la victoria de Mauricio Macri en Argentina.

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