Cartas de lectores

Los usuarios de drogas

Debate. Rosario fue protagonista de la Marcha de la Marihuana. La movilización reclamó por los derechos de quienes la consumen con fines terapéuticos o recreativos.

Martes 21 de Mayo de 2019

Nuevamente Rosario fue este año protagonista clave en Argentina de la masiva concentración conocida como Marcha de la Marihuana. Miembros de organizaciones canábicas y de políticas de drogas y derechos humanos, grupos de madres que reclaman no ser detenidas por comprar marihuana para acceder al aceite que requiere, por ejemplo, la epilepsia refractaria de sus hijos, ciudadanos que reclaman por su derecho al autocultivo, profesionales sensibilizados por los daños sociales y sanitarios que acarrea la ley de drogas 23.737, cultivadores, familiares de enfermos y enfermos que utilizan la marihuana como medicina se concentraron en la ciudad y marcharon al Monumento.

Ciudadanos empoderados expuestos a los riesgos de la ilegalidad del mercado, el cultivo y la tenencia, evidencian las contradicciones del sistema represivo que -en su lucha contra la droga y el narcotráfico y supuesto intento de control del consumo de drogas- hace de un potencial medicamento una droga clandestina.

Diversas organizaciones focalizan en diversos reclamos; en la legalización o despenalización de la marihuana, en la legalización del autocultivo o los clubes de marihuana y otras -como la organización que represento- hacen extensivo el reclamo a la despenalización de la tenencia y cultivo para uso personal de todas las drogas, sean para uso medicinal o recreativo. Si bien cada vez más ciudadanos participan de estos reclamos y las marchas son más multitudinarias a lo largo y ancho del país, también hoy los reclamos se multiplican.

No se trata solamente de reclamar por una nueva ley de drogas que no penalice la tenencia para consumo personal, ni tampoco al autocultivo, y una nueva política de drogas que incluya garantizar los derechos de quienes las consumen, incluido su derecho a la salud con información sobre riesgos y daños. En 2019 tenemos también que reclamar por el cese de las quimeras. No más falsas promesas, no más falsas sensaciones de seguridad que terminan exponiendo a usuarios de drogas, cultivadores y enfermos a nuevos riesgos, o los mismos riesgos. Los riesgos de ser detenidos, allanados, enfrentar una causa judicial y el estigma de la criminalización.

Primera Quimera. El fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación de 2009. A pesar de la reivindicación del artículo 19 de la Constitución, la ley 23.737 y su artículo 14 permanecen incólumes. Se cumplen diez años del llamado fallo Arriola que declaró inconstitucional la penalización de la tenencia para consumo personal. Este fallo si bien no ordenó la despenalización, sí la legitimó, estableciendo que "el artículo 14, segundo párrafo, de la ley 23.737 debe ser invalidado, pues conculca el artículo 19 de la Constitución Nacional, en la medida en que invade la esfera de la libertad personal excluida de la autoridad de los órganos estatales". Sin embargo, la ley de drogas no cambió.

Como diría Don José, ¨el diablo se muerde la cola¨ y la consigna de que la tenencia y el consumo sin daños a terceros no debía ser punible se encuentra con la cruel realidad de que quienes consumen son dañados por terceros. La paradoja de que una ley que castiga un acto privado, que estigmatiza un acto privado, un policía que la aplica y una sociedad que visibiliza y etiqueta esta conducta hace más daños que la misma droga.

Segunda Quimera. La ley 27.350 conocida como ley de marihuana medicinal. A pesar de haber cumplido más de dos años de su sanción pareciera ser un espejismo dado que la marihuana no está en ninguna farmacia, ni siquiera el THC sintético o los aceites. La marihuana y los aceites siguen estando en la clandestinidad. Por ello el que no importa el producto del exterior, actualmente solo accede a él a través del mercado negro; un conocido o un desconocido que lo cultiva y/o elabora y se lo ofrece gratuitamente o se lo vende. Las personas no conocen la composición química del producto, por lo cual desconocen si es adecuado para su patología o simplemente inocuo pero inútil, como el puro aceite de coco. La excepción a esta regla son aquellas personas informadas que llevan a testear dicho producto a la Facultad de Bioquimica de la UNR (actualmente a sala 9 del hospital Centenario). El hecho recientemente relevado por dicha unidad académica de que siete de cada diez muestras no tiene la suficiente concentración para su utilización terapéutica ilustra los daños de la prohibición.

Derivada de esta quimera encontramos otra. La habilitación de plantaciones de capitales extranjeros en el norte argentino, cuyo principal objetivo es la exportación, ilustra la doble moral de una lógica que favorece a sectores privados frente a las dificultades para encaminar la producción nacional(véase la propuesta de la provincia de Santa Fe y su laboratorio farmacéutico por ejemplo) y especialmente la prohibición del autocultivo y de los clubes de cultivo solidario.

Tercera Quimera. El proyecto de reforma del Código Penal en materia de tenencia para consumo. La quimera más reciente fue el anuncio del flamante proyecto de reforma del Código Penal (a cargo del Dr. Borinsky) despenalizaba la tenencia para consumo personal. Sin embargo, esta supuesta despenalización en casos de escasas cantidades en la letra chica se restringe al consumo privado, al ámbito de las cuatro paredes de la casa, un absurdo frente a la realidad de que la mayoría de detenciones en Argentina son en la vía pública. Una crueldad dado el aumento de penas vinculadas a las drogas que deja en las sombras de la arbitrariedad la distancia entre la tenencia para el consumo personal, la tenencia simple y la tenencia para comercialización y que profundiza la criminalización de la pobreza y la falacia de tratar como narcotraficantes a una abuela que comercializa drogas en pequeñas cantidades para sostener una precaria economía de subsistencia o un joven dependiente de la cocaína que tiene en el bolsillo unos gramos de más para financiar el propio consumo.

Para concluir considero necesario enfatizar que esta marcha sigue siendo un analizador del fracaso de las quimeras que nos ofrecen las políticas de drogas en Argentina. Muchos usuarios, muchos enfermos, muchos profesionales que nos confrontamos día tras día con el sufrimiento que trae una política de drogas ineficaz e inhumana seguimos desoyendo las falsas promesas, desconfiando de espejismos y denunciando que aunque la quimera promete alivio, es y sigue siendo eso, una quimera. Y eso es una política pública que prometiendo soluciones, genera nuevos problemas. Una política de drogas en la cual los discursos no se transforman en actos.

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