Los Reyes Magos
El consumismo que aturde y aliena los órganos de los sentidos de los niños es implacable en fechas como estas y utilizan publicidades que suelen enfrentarse a las planificaciones paternas. Ayer no pude con el genio...

Sábado 05 de Enero de 2008

El consumismo que aturde y aliena los órganos de los sentidos de los niños es implacable en fechas como estas y utilizan publicidades que suelen enfrentarse a las planificaciones paternas. Ayer no pude con el genio y alentada por las miradas de espanto de los adultos que nos rodeaban, me atreví a preguntar a una joven madre cuánto costaba "eso" que había elegido para su niña. Era una especie de maniquí de plástico, descuartizado, compuesto por una gran cabeza con rasgos exagerados, apoyada en hombros con dos agujeros, de los que salían las manos. Con una sonrisa casi orgullosa dijo: "250 pesos". Observé mejor el "juguete" (nada más alejado del concepto de Winnicott) y como no encontraba el atractivo volví a preguntar si era para aprender a maquillar. El tono de su "¡no!" y su afirmación: "¡Lo publicita la televisión!", logró que sienta mi falta de actualización. Mi huella mnémica sobrevoló al pasado y encontré a la Mariquita Pérez, la primera muñeca con pelo que me trajeron los Reyes Magos. Al menos era entera y su rostro aniñado despertaba el mejor instinto fraternal o maternal. No pude frenar los recuerdos y los olores me llevaron a la calle Esmeralda y Cochabamba. Nadie penetraba a ese barrio de "cuchilleros", que a pesar de la fama, sabían cómo defender la infancia. En mi casa se combinaban la pobreza material con una notable riqueza cultural. De la acústica de mi infancia rescato el mandato de asociar y amalgamar creencias, tradiciones, leyendas, parábolas y cuentos. Tal vez allí nazca mi intento por transdisciplinar creencias y conocimientos. El día de los Reyes Magos se suscitaban peleas y arduas discusiones entre mis padres y mis tíos. Ellos opinaban que no correspondía el festejo y mis padres replicaban con frases como: "La palabra 'mago' significa científico o sabio". También argumentaban que Gaspar, Melchor y Baltasar representaban los tres grupos étnicos o los tres continentes y aprovechaban para ubicar en el mapa Europa, Asia y Africa. Cuando mis tíos se encerraban en el mandato religioso, ellos referían: "Sus nombres son de origen griego, pero también pueden ser hebreos". Mis primos resolvían fácil la cuestión, y siempre encontraban la excusa para dormir en casa el 5 de enero. Los niños de Cochabamba y Esmeralda recibían regalos distintos, pero nunca faltaba el padre que advertía: "Los juguetes se comparten y los vecinos son como hermanos".

Mirta Guelman de Javkin