Lunes 11 de Octubre de 2021
Desde hace cuatro años me dedico a la asesoría comercial y estuve por varias empresas trabajando. Una de las tantas labores del rubro es entrar a un local y brindarles una propuesta comercial, la calle es lo más factible a poder vender cualquier producto. Lamentablemente, presencio todos los días situaciones que me sorprenden: los niños vendedores. Ya sean pañuelitos, lapiceras, fibrones, ellos, a tan corta edad, practican la venta. Para los que no saben, vender es un ejercicio que necesita actitud mental y un equilibrio exacto en temple para no hundirse moralmente ante un día fallido de venta. Trabajé en empresas en donde nos proporcionaban capacitación psicológica para no caernos en el intento. ¿Se imaginan el sufrimiento, el desequilibrio emocional, el desaliento que tienen todos los días estos niños? Los marcan de por vida la frustración y un complejo de inferioridad. No veo a nadie preocuparse por esta situación, no escucho a nadie opinar sobre esta temática, lo único que podés hacer es, en el momento que te ofrezcan algo mientras estas en un bar, sacarle una sonrisa, y como mínimo gesto de cortesía comprarle un pañuelito. Los niños adultos se sienten felices cuando se olvidan que son adultos.
Nahuel Centurión