Cartas de lectores

Los médicos mayores

Los médicos, para ejercer la profesión deben obligadamente obtener matrícula profesional en el Colegio de Médicos, e inscribirse en la Caja de los Profesionales del Arte de Curar de acuerdo a las vetustas y obsoletas leyes 3950, 4931, y 26529 que reglamentan el ejercicio profesional.

Martes 03 de Abril de 2018

Los médicos, para ejercer la profesión deben obligadamente obtener matrícula profesional en el Colegio de Médicos, e inscribirse en la Caja de los Profesionales del Arte de Curar de acuerdo a las vetustas y obsoletas leyes 3950, 4931, y 26529 que reglamentan el ejercicio profesional. De igual forma están obligados los odontólogos, veterinarios, psicólogos, entre otros profesionales; porque se engloban en el denominado "arte de curar". No así los trabajadores sociales, enfermeros, que insólitamente no fueron contemplados vaya a saber por qué. Volviendo a los médicos –como a todos los demás–, deben coaccionadamente aportar a la Caja mencionada ut-supra según una escala antigua que se incrementaba de acuerdo a los años de ejercicio profesional, –no como todos los demás trabajadores de acuerdo a su real ingreso mensual–; o sea, a más años de edad y ejercicio, más aportes a realizar compulsivamente, no importando cuánto les ingresa, porque, insólitamente se adivina que los médicos por ser más viejos tienen mayores ingresos. Las cuotas de esta caja ascienden a cifras increíbles, cuando a los pocos años de recibidos, entran en lo que denominan categoría "E" y deben oblar todos unas cifras cercanas a $ 6.000 mensuales. Muchos colegas no pueden pagarlos, se endeudan y son morosos. Estas cifras "monstruosas para muchos colegas por ser imposibles de abonar" incluyen la obligatoriedad de aportar a una obra social, que tiene desde hace muchos años dos categorías, "A" y "B". La categoría superior "B" brinda mayores beneficios, pero así y todo, nunca llega a los estándares de las obras sociales para empresarios, ni remotamente a las prepagas de primer nivel; teniéndose en cuenta que los médicos gastan mucho menos en salud, pues consiguen medicamentos gratis por muestras, muchos nos atendemos a nosotros mismos y a nuestros familiares, y varios de nosotros acostumbramos por principios éticos entre colegas a no cobrarnos ningún honorario profesional (consultas, cirugías y otras prácticas). Por otra parte, los médicos morimos antes que las demás personas, por nuestra profesión que muchas veces es tan estresante que padecemos de un síndrome del estrés grave y nos enferma hasta la muerte. En abundamiento, para percibir haberes jubilatorios, debemos estrictamente tener 30 años de aportes, 65 años de edad, y ojo, no se puede adelantar cuotas, y si se recibe a los 45 años por ejemplo, no se puede jubilar hasta los 75, no hay forma de evitarlo, muchos aportan, mueren antes, y no perciben nada, ¿qué tal esta solidaridad? Asimismo, para mejorar el castigo a los médicos grandes, cuando se acogen a los mal denominados "beneficios jubilatorios", es requisito renunciar a la matrícula profesional, ¿y saben cuánto cobran de jubilación? Un poquito más que la mínima de cualquier trabajador o ama de casa que no haya aportado jamás y se acogió a los beneficios de las moratorias; sólo unos $ 13.000. Ahora se viene una opción de matricula "J", que es un hazmerreír de la simulación, pues les permite hacer recetas a los familiares y a sí mismo, o en el mejor de los casos, atender sólo a pacientes "particulares", un despropósito total que está en contra absoluta de la Convención Interamericana de Protección a los Derechos de los Mayores, que ya es ley nacional desde octubre de 2017. Y ese es el sufrimiento de muchos colegas médicos, que tristemente agachan sus cabezas para que la guillotina del maltrato a los mayores les cercene sus posibilidades de disfrutar jubilados y seguir trabajando como médicos, que la mayoría quiere y puede perfectamente por estar en óptimas condiciones intelectuales de hacerlo. Señores legisladores, por favor, presten atención a las leyes para los médicos, no permitan estas atrocidades.
Dr. José Alberto Trop



El sacudón va a ser traumático

Considero que el debate político sobre el aborto debe superar la simple disyuntiva, aborto sí o no. Creo que debe usarse este ladrillo para comenzar a construir un futuro, imaginando al mundo como una embarcación; existe un cierto y grave peligro de hundirlo si no limitamos el incremento de peso. El control poblacional que impuso Mao y que la izquierda autóctona esconde debajo de la alfombra, fue una decisión basada en la realidad. El control de los asentamientos poblacionales utilizando una relación población/costo y calidad de servicios, también es un dato de la realidad. Los centros urbanos prestan un servicio hasta un determinado nivel poblacional, pasado ese límite son inviables. La metodología que utilizaron los gobiernos del siglo XX y como ejemplo, el último gobierno argentino, es en definitiva, "genocida". Sostuvo e impulsó con fines políticos una inmigración al Gran Buenos Aires con subsidios que desangraron el potencial económico de la Argentina. La resultante es que hoy, endeudados hasta el cuello, siguen (la clase dirigente y los medios) pensando en una Argentina que podía darse el lujo de abrir sus puertas para que todos vengan a estudiar, curarse y comer gratis, Por favor despierten, si no el sacudón va a ser traumático.
DNI 6.043.532


Fernández Meijide sí, Bonafini no

Es evidente que Hebe de Bonafini, de escasos valores morales, pretende ahora, al quedar descolocada ante la grandeza de Graciela Fernández Meijide, bajarle el precio a la estatura humana inmensa de Graciela diciendo que nunca le había importado su hijo (Pablo) desaparecido. De Bonafini nada puede sorprendernos ya. Supo regalarnos una excitada danza macabra, como festejo cruel tras el recordado 11-9-2001, cuando el atentado a las Torres Gemelas sepultó 3.000 vidas y más de 6.000 entre heridos y mutilados. Organizó juicios populares contra periodistas independientes (y valientes) que no callaron nunca cuando la verdad estuvo en juego, incitando a escupir sobre gigantografías con la imagen de los mismos en la Plaza de Mayo. Una verdadera joyita. Con la mesura que la caracteriza Fernández Meijide había sentenciado hace un tiempo, en una de sus sabias reflexiones, "ser madre de un desaparecido no te hace mejor persona". En criollo esto significa que donde hubo "lacra" difícilmente pueda crecer una flor bella. Y eso es lo que es Hebe, una lacra social.
Juan José de Guzmán



El verdadero significado de la Pascua

Quisiera llegar a los lectores de este prestigioso matutino para que podamos comprender el verdadero significado de lo que encierra la palabra Pascua que tanto escuchamos en estos días. Etimológicamente procede de un vocablo hebreo, que es el idioma en que se escribió la casi totalidad del Antiguo Testamento, "Pesakh", que significa literalmente "pasar por alto", y figuradamente "mostrar misericordia", según el diccionario bíblico. La fiesta de la pascua se celebró por muchos siglos haciendo memoria de cuando Dios "pasó por alto" el juicio decretado en aquellas casas de los hebreos donde se había sacrificado un cordero y se había pintado con la sangre del mismo los postes y dinteles de la puerta. El mismo Señor Jesús antes de que fuera entregado, se reunió con sus discípulos para celebrar la Pascua. El significado que encierra todo esto en la actualidad, es que se recuerda que Cristo fue el Cordero de Dios que murió en la cruz del calvario por nuestros pecados . Dice la Biblia que nuestra "Pascua", que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros, porque Dios muestra su amor para con nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. En realidad la recordación de estos acontecimientos tenemos que hacerla permanentemente por la trascendencia que tienen, pero ya que en esta época en forma especial se hace memoria, dediquemos tiempo para reflexionar sobre esta realidad, y recibamos a Cristo por la fe en nuestras vidas. Que así sea.
Jorge R. Alonso



Iglesia y Estado

Aunque al día de hoy la influencia de distintas confesiones religiosas, no sólo social sino también política, sigue manifestándose en tratos de favor y acuerdos de privilegio, incluso con gobiernos que se pretenden democráticos, las teorías que defienden la separación rigurosa entre Estado y organizaciones religiosas tienen ya una larga historia. Tras siglos de supremacía de la autoridad de la Iglesia y la supeditación del poder temporal al religioso bajo el fin común de "establecer el reino de Dios en la Tierra", los Estados modernos se van configurando, no sin graves conflictos y contradicciones, sobre la afirmación de su independencia con respecto a cualquier otro poder concurrente. Se abre paso la teoría, defendida entre otros por Maquiavelo (1513), de que el Estado tiene sus propios medios y fines, distintos y separados de los que conciernen a la Iglesia (la salvación de las almas). Lo cual no impidió que continuara el mutuo apoyo de conveniencia entre el trono y el altar. Esa separación entre lo público y lo privado, y en referencia al terreno concreto de las creencias religiosas, es lo que ha venido a definir, en su justa acepción, la aconfesionalidad, neutralidad o laicidad del Estado. Este, que es de todos, no profesa religión alguna o, si se quiere, ninguna confesión religiosa puede tener carácter estatal ni invadir el marco común que atañe al conjunto de los ciudadanos. A la vez, el Estado no entra ni se pronuncia sobre cuestiones estrictamente religiosas u otro tipo de convicciones personales. Es preciso señalar que esta separación entre Estado e Iglesia no se da entre dos poderes iguales e independientes en un mismo plano, pues el primero integra a la totalidad de la ciudadanía, mientras que toda organización religiosa tiene carácter particular, por mucho que a lo largo de los siglos, y para justificar un tratamiento de privilegio, la Iglesia Católica se haya definido a sí misma como "sociedad completa y perfecta". En tanto que asociación de carácter privado de individuos que profesan unas mismas convicciones o creencias, debe someterse como cualquier otra al marco jurídico común democráticamente establecido, y no gozar de un estatus diferenciado.
Manuel Basanta
DNI 93.971.708


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