Cartas de lectores

Los malos y la eficiencia

Viernes 16 de Febrero de 2018

La maldad suele tener destellos de genialidad, aunque muchas veces esta genialidad sólo puede provocarnos el horror. Ahora bien, analicemos hasta donde "los malos" nos ayudan a vivir. Si consideramos a la raza humana como una especie animal triunfante, resulta ser porque a diferencia de las otras que sobreviven gracias al instinto, muchos de sus miembros han tenido libertad para elegir ser malos. Supongamos un organismo, estatal o privado, eligiendo o confiando en un desconocido, o un personaje sin antecedentes básicos, para desarrollar tareas, sean ellas científicas, políticas o económicas. Evidenciando luego dicho protagonista de forma imprevisible y asombrosa sorprendentes capacidades de gestión creando, organizando, recaudando y distribuyendo de modo altamente eficiente. Ocasionalmente cierto día se descubre que una parte respetable de los cuantiosos ingresos, logrados por el brillante gestor, los dedica, acumula y atesora en su propio beneficio. He aquí una parábola perfecta de la vida: "Los malos suelen ser muy eficientes", en razón de que la carrera para ser malos es muy dificultosa y sólo los más inteligentes lo logran. Sucede que para que un malo triunfe, la vida suele ponerle delante de sí algunos incentivos fulgurantes. Resulta tan obvio como palpable que cuanto más límites y castigos agregan los códigos penales, más brillantes tienen que ser los malos para eludirlos. Deberíamos dudar entonces si no son los malos, cegados por sus propios incentivos, los que han aportado a la comunidad desarrollos y progresos más que muchos buenos, dotados de una inteligencia común. Lo cual ha servido para acelerar los objetivos generales. Todo para terminar aceptando resignadamente que la naturaleza es amoral, y se nutre en su devenir, poniendo cíclicamente a disposición de la sociedad tanto a malos como a buenos.

norbertoivaldi@gmail.com


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