Cartas de lectores

Los derechos son sagrados

Jueves 03 de Diciembre de 2020

Una vez más, los movimientos pro aborto impulsan una una ley para legalizarlo, esta vez con apoyo del gobierno nacional. Muy probablemente tengan éxito. Como he manifestado en este mismo espacio anteriormente, mi oposición al proyecto se apoya, principalmente, en el hecho de que muchos de los argumentos presentados en su favor son inexactos e incluso falaces.

Un ejemplo claro de esto es la machacada afirmación de que mueren miles de mujeres al año en nuestro país por abortos clandestinos. Basta con recurrir a las estadísticas oficiales para comprobar que no es así. En ningún medio de comunicación, por otra parte, se denuncian a diario la muerte de las decenas de mujeres que deberían fallecer por esa causa para alcanzar dicha cifra, a pesar de la intensa campaña en favor de la interrupción del embarazo. ¿Qué mejor argumento que la presentación en los medios de una lista diaria de muertes por abortos clandestinos? Pero quienes están a favor de la ley, al ser entrevistados evitan cuidadosamente dar cifras precisas.

Es difícil aceptar como argumento veraz una tal afirmación en estas circunstancias. Personalmente considero que incluso una muerte por esta causa es una tragedia que debemos evitar. Pero hay otros mecanismos que el Estado puede implementar para preservar ambas vidas. Y digo ambas porque considero que otro de los fallos de los pro abortistas es el haber decidido arbitrariamente que un embrión no es humano. Desafío a quienes propugnan esta ley a que demuestren esta afirmación más allá de toda duda.

A lo largo de la historia de la humanidad, por distintas razones se le ha negado arbitrariamente el estatus de ser humano a quienes por su género, orientación sexual, raza, etnia, religión o cualquier otra pueril excusa sirviera para privar de sus derechos a seres indudablemente, innegablemente humanos. Negros, judíos, magiares, ¡mujeres! fueron objeto de tal discriminación, privándoles desde su derecho a poseer bienes, de votar, de ser libres. Se les ba negado incluso el derecho a la vida.

No veo porqué deberíamos decidir, arbritariamente, que un ser humano carece de derechos solamente porque aún no ha nacido. Y este no es un debate filosófico, como afirman algunos, sino moral y ético. El tipo de debate que garantiza que vivamos en una sociedad donde los derechos de las personas son, como deben ser, sagrados.

Juan Pablo Zucco

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