Cartas de lectores

Los derechos del niño

El colegio La Salle fue sede de un encuentro de docentes, trabajadores sociales y profesionales de distintas disciplinas, como también representantes de centros comunitarios donde en distintos talleres desarrollaron aprendizajes, conversaciones y proyectos a 30 años de la Convención de los Derechos del Niño.

Lunes 07 de Octubre de 2019

El colegio La Salle fue sede de un encuentro de docentes, trabajadores sociales y profesionales de distintas disciplinas, como también representantes de centros comunitarios donde en distintos talleres desarrollaron aprendizajes, conversaciones y proyectos a 30 años de la Convención de los Derechos del Niño. La Convención sobre los Derechos del Niño fue adoptada por la Asamblea General de la Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989. Ha sido aprobada por la mayoría de los países, incluido el nuestro, que la convirtió en ley el 27 de septiembre de 1990. En 1994, en ocasión de la Reforma, la Convención fue incorporada al texto de la Constitución nacional, es el artículo 75, inciso 22. De esta manera la Convención de los Derechos del Niño se convirtió en ley superior acerca de la infancia, una ley a la que todas las demás leyes deberán remitirse. El encuentro llevado a cabo en La Salle es una buena ocasión para que todos y de manera especial la comunidad política redoblen sus esfuerzos encaminados a que los niños se desarrollen plenamente y se los proteja, avanzando hacia la erradicación de la pobreza, la escolarización de todos los niños, eliminando la exclusión social de la infancia y creando acceso equitativo a los servicios esenciales de una educación de calidad, alimentación sana, salud, vivienda digna, recreación y cultura. También, durante el debate se habló de educación sexual integral; no a la baja en la edad de imputabilidad; participación y organización juvenil y el derecho a la educación. Valoramos el trabajo conjunto de Unisal, Fundación Marista, Defensoría Edmundo Rice, Cic y Fundación La Salle, organizadores del encuentro, que nos alientan a reflexionar sobre las dimensiones fundamentales en la protección de los derechos humanos de niños, niñas y adolescentes, y el compromiso a la dirigencia política para solucionar con urgencia las situaciones de vulnerabilidad y mayor desventaja.

Raúl Pedemonte

El empoderamiento de Greta Thunberg

Las cifras atentan contra los símbolos, pero hacen notar alguna incoherencia. Entre 2002 y 2017 fueron asesinadas 1.558 personas por defender la Tierra, el agua o la vida silvestre en alguno de los 50 países censados (Argentina incluida). Cada semana cuatro valientes reales perdieron su vida defendiendo la de todos, investigando, estudiando, y denunciando cada acción humana que atentara contra la habitabilidad de algún sector puntual del planeta Tierra, duplicando en 15 años el número de ecologistas y ambientalistas muertos por mostrar lo que incomoda. Algo me dice que el endiosar un nombre no hace justicia a tanta muerte, que algún enojo entendible no es fundamento sino desvío de atención y que "nuestra casa", esa por la que durante décadas pelearon héroes anónimos, tolerando burlas, injurias y olvidos ya no tiene recupero. Si de consuelo a tanta torpeza nos sirve empoderar a una niña (Greta Thunberg), exponiéndola cual sacrificio final; sepamos pues que no hay dioses que devuelvan ya el tributo en gracia ni concedan el favor de reiniciar lo que, con nuestra ayuda humana, se termina.

¿Debatir o ultrajar?

Analizando tantos discursos políticos, y sus consecuentes comentarios periodísticos, sin duda alguna "la estupidez cometida por la lengua le ha ganado la carrera al cerebro". La reciente historia política ha dejado demostrado que el oculto interés individual, el egoísmo y la irracionalidad a la hora de debatir proyectos, conducen a los seres humanos a una situación no ideal, pues ante su extremo deseo de poder, no evalúa ni tiene en cuenta las posiciones del resto de agentes involucrados en sus actuaciones. El hombre por naturaleza se siente incómodo cuando las circunstancias externas le reducen las opciones para pensar, actuar y comunicarse. Resultando luego estúpido de toda estupidez sostener una idea solamente atacando lo que consideramos erróneo, y alabando lo que creemos razonable. La verdadera lucha que necesita librar nuestra democracia debería ser, en principio, una lucha en el interior del propio individuo, entre el impulso por dominar y ultrajar al otro, y la disposición para vivir respetuosamente sobre la base del diálogo, la comprensión y la igualdad. De acuerdo con Aristóteles, "fanatizarse adjetivando desmedidamente, nombrando a quienes creemos se han equivocado, halagándonos al considerarnos el cambio salvador, resulta de una supina estupidez totalmente ausente de valores futuristas. Producto más del odio que del valor de la construcción, porque quien así actúa estará toda su vida odiando a alguien, ya que el rencor anida en sus genes". Hoy queda demostrado, por otra parte, que quien vive del pasado termina muriendo con él.

Norberto Ivaldi

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