Miércoles 03 de Septiembre de 2008
Quiero responder a la carta de la señora Diana Astrid Rodríguez, quien tuvo el tupé de ofender a los trabajadores de la construcción al afirmar textualmente: "Quiero saber quién se bancaría la pérdida total de la intimidad de lo que haga en el patio de mi casa, al ser observada por los albañiles". Lo que hace esta mujer es nada más que dar muestra de una triste intolerancia hacia un sector que poco a poco está encontrando su camino y progreso dentro del momento que vive la construcción. Deseo declarar ante todos los rosarinos que los obreros no somos ningunos pervertidos, que personas mal educadas las hay en todos los ámbitos de trabajo, desde la tan golpeada construcción hasta la política; ningún sector está exento de tal cosa. Soy yesero y la generalización inadecuada de esta señora ha hecho que me sienta ofendido y muy triste. Lo que aumenta mi pena es que he llegado a creer que la mayoría de la gente para la que construimos nosotros las casas y edificios no tiene bien en claro quienes somos. ¿Sabrá esa señora que personas como las que ella ofende, fueron quienes con su labor y esfuerzo edificaron alguna vez su hogar? Ojalá algún día se dé cuenta del error que cometió.
Brian Nicolás Gilio, brianelbarba@hotmail.com
N. de la R.: El pasado viernes 29, en su carta titulada "No tengo una mente chica", Diana Rodríguez replicó otra de Abraham Bensosef, quien defendía la construcción de una torre en calle Dorrego, entre Pasco e Ituzaingó. Y entre puntos, Rodríguez planteaba "la pérdida de intimidad por observación permanente de los trabajadores de la obra".