Cartas de lectores

Lo que pudo ser y no fue

Desde hace un tiempo vengo rumiando un malestar, un desasosiego, un desánimo que me impulsa a perder la fe, el entusiasmo y la voluntad de hacer cosas.

Jueves 30 de Noviembre de 2017

Desde hace un tiempo vengo rumiando un malestar, un desasosiego, un desánimo que me impulsa a perder la fe, el entusiasmo y la voluntad de hacer cosas. Conste que he pasado mi vida haciendo cosas. Lo que alguna vez fue un país pujante y venturoso, hoy es casi un territorio ocupado por una masa desordenada de individuos, donde los más elementales principios de convivencia van quedando de lado, donde la vida cada día vale menos, el respeto a las normas ya no existe, al prójimo menos. Antes hasta los choros tenían códigos, ahora te matan sin asco por simple gusto. Las instituciones públicas, que deben servir a una sociedad organizada, están pobladas de burócratas, poco predispuestos a prestar amablemente el servicio por el que cobran. Yo sé que esto indignará a unos pocos, pero el usuario, el que va a cobrar o pagar, el que debe preguntar, el que no capta al instante la primera indicación, sabe de qué hablo. La Justicia; la institución responsable de hacer respetar las normas de convivencia, nos sorprende todos los días con decisiones justificadas por la erudición de sus miembros, adquirida con no poco esfuerzo en manuales escritos por eruditísimos profesores, que de tanta erudición se olvidan de la realidad, del sentido común de la sociedad, que es lo que importa, del respeto a las más elementales normas de convivencia. Es así que privilegian los derechos sagrados de los delincuentes, en claro detrimento de la sociedad, que trabaja, que produce, que se desvela para pagar sus impuestos y con ellos sus abultados ingresos y sus privilegiadas condiciones de trabajo. Escuchaba en un noticiero que la policía había capturado a los dos delincuentes que le arrebataron el reloj a Rial días atrás, pero que rápidamente fueron liberados para proseguir con su tarea, seguir robando. Grande fue mi sorpresa al escuchar que ambos eran colombianos. ¿No tenemos suficientes choros aquí que los importamos y además les otorgamos los mismos privilegios? Recuerdo lo de la nena Abril, asesinada por un mal nacido, convicto y liberado por otro mal nacido igual que él, pero erudito garantista, de los que garantizan la impunidad; no la seguridad de los ciudadanos. Son ampliamente conocidos los argumentos esgrimidos por estos sacapresos. Las cárceles no sirven para reintegrar recuperados a los delincuentes. La aplicación de penas más severas no garantiza la baja del delito. El delincuente es una víctima de la sociedad, el que cree lo contrario es un ignorante. Los libros tienen razón. El pueblo se equivoca. La delincuencia debe ser protegida, de lo contrario se nos termina el curro. ¿Qué decir de la policía y los bunker de drogas? ¿Bunker? Quioscos a la vista de todos, conocidos por todos, protegidos por la mala policía, defendidos por eficientes abogados y jueces sacapresos. Los políticos relatan que la droga genera mucho dinero y el dinero todo lo puede, y tapa los ojos, los oídos y la conciencia. Y será así nomás, ¿Cómo vamos a ser una sociedad civilizada si los que deben garantizar nuestra seguridad tienen los ojos vendados y están ganados por la corrupción? Si los que tienen a su cargo la educación de nuestros hijos con honrosas excepciones, defienden sus privilegios usando como escudo la política por sobre sus deberes más sagrados y faltan, acusan enfermedades inexistentes, y adhieren a los consabidos paros. Todo lo expresado viene cambiando desde hace muchos años, casi siempre lentamente, con algunas brusquedades de vez en cuando. Las buenas costumbres se fueron relajando, la autoridad del Estado fue cediendo posiciones y con ella la de los padres con sus hijos, el respeto de los niños por los mayores, por las niñas, las señoras embarazadas, los ancianos. Todos los próceres pasaron a ser cuestionados y devaluados, sus vidas disecadas por un revisionismo dañino y destructivo. Como será que ya ni el Himno se canta, se tararea. La familia, la base de la sociedad civilizada, también es acosada por el modernismo, el matrimonio para toda la vida es una antigüedad. Lo que más me enoja es la impotencia y aceptar que lo que se ha perdido ya no volveremos a encontrarlo.

Manuel A Torres
DNI 6.029.173


¿Y nosotros para cuándo?

Leí en el diario un gran titular: "Transformarán la avenida Nuestra Señora del Rosario". Sólo de San Martín a Cepeda, porque es una zona histórica con grandes casonas y bla, bla, bla. Del otro lado, como decimos los vecinos, es la parte pobre de la avenida. Vivo en esta arteria. Me parece importante que también se arregle el tramo de la avenida San Martín hasta bulevar Oroño. El pavimento es un desastre y ni hablar de las veredas rotas y desniveladas. Al cruzar la vía va desmejorado y hay zanjas. Se estrecha mucho y es la única salida a bulevar Oroño. Cuando abre el semáforo de San Martín pasan infinidad de autos a toda velocidad. Pasan líneas de colectivos 135 y 139. El cruce de la vía es peligroso porque cruzan autos de contramano. Los robos al salir de misa (San Casimiro) son frecuentes, incluso han robado en el culto. Creo que en esa parte de Tiro Suizo y las Delicias los vecinos somos de segunda. La iluminación no es tan mala pero las luminarias están de una sola vereda e impiden llegar la luz a la otra. Con buen pavimento e iluminación esto mejoraría. Hace 65 años que vivo aquí y quisiera que esto mejore. Agradecería a los que hacen los proyectos que nos tengan en cuenta. Porque en los próximos sólo están la remodelación de Lamadrid y Arijón. ¿Y nosotros cuándo?
Nélida Colicchia


Estacionamiento de motos en veredas

En la ciudad de Rosario la ordenanza municipal de Tránsito prohíbe el estacionamiento de motos y vehículos sobre las veredas y aceras. Hacerlo genera un peligro de daño a peatones y especialmente a personas con capacidades especiales, adultos mayores, embarazadas, bebes y niños pequeños. Para estacionar una moto en la vereda necesariamente debe transitar sobre ésta, generando peligro a la gente que transita. Los inconvenientes que acarrea esta práctica cotidiana en nuestra ciudad es la de obstruir seriamente la circulación por la vereda y dificulta el uso del espacio público, además de daños como roturas de baldosas y derrames de combustible y aceite. Sería conveniente una campaña educativa y un mayor control de los inspectores municipales.
Hugo Pietrafesa
DNI 6.048.231


La inevitable presencia del pasado

A partir de diciembre, la senadora Cristina Fernández podrá seguir ejercitando su poder, aunque muy acotado. Además de los problemas judiciales que está sufriendo, se suma el padecimiento del "síndrome de Hubris". ¿Acaso las observaciones de la ciudadanía bastan para diagnosticar a la ex presidente? No creo. Pero sí creo en el diagnóstico de un profesional de la medicina. En agosto de 2013, el periodista y neurólogo Nelson Castro, en base a sus conocimientos, mas información de sus colegas neurólogos, difundía a través de la pantalla de TV su enfermedad por el poder. Inmediatamente, las palabras de la editorial de Castro de ese día repercutieron en las redes sociales. Algunos lectores del diario, posiblemente desconozcan de qué se trata este síndrome. Según los estudios de David Owen, tiene características específicas. Propone 14 criterios para diagnosticar a una persona poderosa con el síndrome de Hubris. Entre ellos, está que usan el poder para autoglorificarse; tienen una preocupación exagerada por su imagen y presentación; lanzan discursos exaltados en que usualmente dicen que ellos "son el país o la Nación"; demuestran una autoconfianza excesiva y un manifiesto desprecio por los demás. Dicen que son tan grandes que solo Dios o la historia los puede juzgar y que algún día esos tribunales los reconocerán. Pierden contacto con la realidad; son propensos a ser inquietos y a cometer actos impulsivos; permiten que sus consideraciones morales guíen sus decisiones políticas pese a ser poco prácticas o muy costosas; y demuestran un enorme desprecio por los aspectos prácticos de la formulación de políticas, desafiando la ley, cambiando constituciones o manipulando los poderes del Estado. Es obvio que con su comportamiento, el poderoso hubrístico puede afectar el bienestar del pueblo que representa. El hubrístico trata de mantener el poder de forma indefinida, para, precisamente, alimentar su trastorno. Sin temor al error, se puede comprobar que una sociedad que condena a la gran mayoría de su población a delegar su poder en la papeleta electoral cada cuatro años, sin ningún control efectivo sobre los representantes elegidos, podría condenarse a tener dirigentes embusteros, corruptos y embriagados de sus privilegios. Ejemplos abundan y las excepciones son pocas. Todo lo escrito arriba es la consecuencia de la inevitable presencia del pasado.
Manuel Basanta
DNI 93.971.465
Submarino ARA San Juan
En los 59 años de vida que tengo aprendí que Dios nos habla a través de su palabra escrita en la Biblia de personas que están, aparecen o desaparecen de nuestra presencia, y de acontecimientos que pueden o no tenernos como protagonistas. Uno de estos últimos es la desaparición del submarino ARA San Juan, con 44 tripulantes a bordo, que mantiene en vilo a sus familiares principalmente, a todos los argentinos, y al resto del mundo que mantiene su corazón en alerta a la espera de una feliz noticia. A los creyentes (y los no creyentes que quieran adherirse) les pido que respondan efectivamente a una solicitud que circula por internet, de rezar todos los días un Padrenuestro a las 23, en una muestra de mancomunado esfuerzo por el bien de los desaparecidos. Obviamente, el horario no es lo más importante, ya que si se lo olvida, se puede hacer la oración o tantas oraciones como se desee en cualquier momento del día.
Daniel E. Chavez
DNI 12.161.930

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