Lunes 17 de Diciembre de 2007
Mi tío abuelo Nello Salvatori, italiano, a los 20 años fue convocado a integrar las filas del ejército fascista. Tanto él como una veintena de jóvenes se escondieron en las montañas para no ir a la guerra, para no matar ni morir. Fueron encontrados y fusilados. Nello sobrevivió al fusilamiento y 27 jóvenes de veinte años hace 63 años esperan por él desde el semicírculo de lustrosas tumbas en su pueblo, Tolentino. Pero a lo que seguramente no sobrevivirá a sus 83 años es a la desidia con que es tratado en el hospital que le asigna el Pami, el Güemes. Es vergonzosa la falta de profesionalismo, de atención, de eficacia. Lo que las balas no pudieron lograr lo está haciendo la inoperancia de este establecimiento. El se apaga ante la ausencia de atención, de preocupación, de presencia de los profesionales de la salud. Sólo les pido: dejen de robar y que la salud de los abuelos se corresponda con lo que pagaron toda su vida. Al que le quepa el sayo, que se lo ponga.
Paola Bagliani