Llamado sin respuestas
La noche del 7 de febrero, en medio de la tormenta, un perro atropellado falleció en la puerta de
mi casa sin poder ser atendido. Es que de todos los veterinarios que llamé y que estaba dispuesta a
pagar con mi familia no contestó ninguno.
Lunes 11 de Febrero de 2008
La noche del 7 de febrero, en medio de la tormenta, un perro atropellado falleció en la puerta de mi casa sin poder ser atendido. Es que de todos los veterinarios que llamé y que estaba dispuesta a pagar con mi familia no contestó ninguno. Es decir, si algo le hubiera ocurrido a mi perra, nadie la hubiese atendido tampoco. Lo comento porque me parece realmente vergonzoso que se ofrezca atención para no responder a determinados horarios. Lo comento porque el Imusa, que tiene mucha gente valiosa seguramente trabajando y otra que no tanto, no posee vehículo para responder un llamado como el mío. Lo comento porque en vez de tener tantos empleados que ni se mueven sería bueno emplear a tantos estudiantes de veterinaria que necesitan trabajar para sostener sus estudios. Lo comento porque mi intención no era depositar al animal, era sólo que lo atendieran y después lo devolvía a la vereda, pero sin que muriera desangrado como ocurrió. Lo comento porque es vergonzoso que en una ciudad como ésta, tan pujante, algunos profesionales no hagan honor a la Universidad pública que alguna vez los cobijó y que es sostenida con la colaboración de todos nosotros. Y porque sería bueno empezar a darle cabida a menos puestos políticos en lugares municipales y a más gente que tenga ganas de trabajar por aquello que se propuso.
Romina Noriega
rominanoriega@yahoo.com.ar
Romina Noriega
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