Miércoles 13 de Febrero de 2008
Como obispo de la Iglesia Católica Apostólica (ICAA) no romana, tuve la oportunidad de hacer una visita pastoral a San Luis. Nuestra iglesia, respetuosa de las instituciones, si bien no comulga con el Vaticano en cuanto a algunas cuestiones de dogma y gobierno, sin embargo recibe en su seno, por administrar los mismos siete sacramentos, a muchísimos hombres y mujeres que comparten en armonía una misma fe y una sola esperanza: tornar el mundo mejor y más humano. San Luis es una provincia que se ha adelantado en el tiempo y con una Constitución progresista y moderna ha logrado que en su territorio convivan, en un mosaico multifacético, cultos y religiones de todas las denominaciones. En la Jefatura de Cultos se me informó sobre el interés del gobierno en crear (de hecho lo hizo) su propio Registro de Cultos, como una manera de conocer en detalle la particularidad de cada iglesia que trabaja en el territorio provincial. Ya nueve provincias argentinas han reformado su Constitución en cuanto a la libertad de conciencia y culto, quedando unas pocas, incluida la nacional, que debieran armonizar hacia la libertad del hombre, porque es un derecho inalienable y natural en él, el procurar por sí mismo amar y dar culto a su Dios, sin imposiciones, sin presiones. La Iglesia Nacional forma parte del Patriarcado Mundial de Iglesias Nacionales operantes en todo el mundo, y desde hace cuarenta años que trabaja en todo el territorio nacional, procura alcanzar tan digno objetivo. La Icaa ha iniciado en toda la diócesis un trabajo pastoral de relevancia y con activa participación de hombres, mujeres y jóvenes que se han identificado con la libre elección de su servicio a Dios Padre, por Cristo Jesús. Los delegados diocesanos para los laicos trabajan construyendo desde las bases una iglesia inclusiva, sin prejuicios ni tabúes, guiados por el amor a Dios.
Monseñor Oscar Cufré, Iglesia Católica Apostólica Argentina (Icaa)