Martes 26 de Enero de 2021
La crisis del coronavirus puso en evidencia la fragilidad de los países y agravó los inconvenientes en temas sanitarios, humanitarios y económicos, generando una desaceleración a nivel global con la necesidad de implementar reformas. Frente a ello, Argentina no se mantuvo indemne. Nos acostumbramos a convivir con la pobreza en las calles, la desocupación, la informalidad, con una maraña impositiva, superabundancia de trámites y hemos naturalizado la burocracia.
Nos habituamos a transitar ciclos de crecimiento/estancamiento. En este momento le prendemos una vela a la soja para que se mantenga en alza a la espera de un rebote temporario para zafar.
Tenemos un marco regulatorio excesivo y minucioso que dificulta las relaciones comerciales. Por ejemplo: para un emprendedor (micro-pyme) hacer un negocio es complejo (trámites) y costoso (sellados y ventanillas), pero siempre aparece una luz para poder concretarlo. Es el atajo y su resultado, la informalidad.
Para evitar estos inconvenientes habría que simplificar la legislación tributaria, laboral y administrativa para lograr celeridad registral y facilitar la realización de negocios, contrataciones de empleados, inversiones, acceso al crédito, etc.
El primer paso debería ser reescribir las reglas, con normas claras y entendibles para el común de la gente, con leyes impositivas fáciles y de cumplimiento efectivo, en lo posible un impuesto universal.
Reafirmar la digitalización de trámites, su conectividad y que sea accesible a quienes no son cibernéticos. Hacer un trámite o un negocio debe ser simple, económico y ágil.
El Estado podría controlar el cumplimiento de modo más eficiente en procura de la disminución de la informalidad. Tratar de que el progreso sea sostenido y no esporádico.
Guillermo A. Pizzo
DNI 16.249.761