Cartas de lectores

Las cosas del fútbol

Por diversos motivos, hace más de tres décadas dejé de ir a los estadios a ver fútbol.

Domingo 08 de Julio de 2018

Por diversos motivos, hace más de tres décadas dejé de ir a los estadios a ver fútbol. Son muchas las razones por las cuales renuncié, pero una de las principales es que no soportaba que algunos hinchas fueran a ver un partido y durante todo el curso del mismo, insultaran a los jugadores de su equipo. Cierta vez, comenté esto con un amigo y me respondió que debería comprender que la gente va a la cancha a descargar sus broncas, sus malestares y muchas otras cosas más, que no puede descargar en su casa. Me pareció absurda su respuesta, pero le dije que, en última instancia le aceptaría su posición si fuera que el hincha local va e insulta, presiona y le genera malestar al rival de su equipo, no al jugador del que es hincha. Además, en el submundo del fútbol en general, cohabitan la pasión con la malicia. Y, yo, por una cuestión de salud trato de distanciarme de esto, que no es nuevo ni es descubrimiento mío. Pero, un ejemplo de lo que digo, lo viví hace exactamente cuarenta años, estando en la Capital Federal cumpliendo con el servicio militar, en el año del Mundial 78. Un fin de semana salí de franco y fui a visitar a un amigo del interior, en cuya casa vi por televisión el partido de Argentina e Italia. El muchacho tenía cuatro o cinco años más que yo, que contaba con veinte. Su madre nos mandó a la verdulería a hacer unas compras y como había gente esperando en el negocio, el irreverente joven comenzó a hablarle de Italia a la dueña (que era italiana), diciéndole "Forza Italia" y otras cosas más, imitando su idioma, a la vez que en su descuido, metía frutas debajo de la campera para llevárselas sin pagarlas, dejándola a la señora al despedirse con la sonrisa de oreja a oreja. Quienes siempre fueron amantes del fútbol, saben que no miento con esto de las avivadas y cuanto "desarrollo" hubo en las mismas.

DNI 12.161.930


Se sigue con la misma política

No conozco al Pollo Sobrero. Pero si la persona que escribe sobre él dice que le guardaba algo de respeto pese a que no le gustaba su "melena mamarrachesca", que piensa que es un energúmeno, extorsionador y mafioso, no creo que sea por lo que dijo y que luego se retractó y pidió disculpas. Pienso que sus antípodas ideológicas, como ella dice, son los motivos de lo que opina. Pero si nos trasladamos al deporte, y como piensa todo el periodismo y muchos argentinos, que el DT de la selección nacional debe renunciar o lo deben despedir por el fracaso del equipo nacional en el Mundial de Rusia, ¿no deberían irse también los que están conduciendo los destinos del país? ¿No es también un fracaso que tengamos despidos y más desocupación por cierres de empresas, inseguridad, un dólar a 30 pesos y mayor pobreza que en el 2015? Convengamos que últimamente no hay muchos aciertos, y pese a los cambios de "jugadores" se sigue con la misma política, que no beneficia en nada al pueblo ya que el pobre es más pobre y el rico es más rico.

Esteban Giannuzzi


No perdamos la fe en nuestro gobierno

Leyendo una extensa nota de un periodista sobre Lionel Messi, en el campeonato Mundial en Rusia donde nos eliminaron, me resultó cómica al describir la gran preocupación del gobierno ruso por la actuación del jugador rosarino. Como nota, hecha con seriedad, me resultó una forma de inventar algo para reír. Algunos creen que lo más importante es el fútbol, que se moviliza todo el servicio secreto (ex KGV) para investigar la actuación de Lionel Messi. Como nota de humor está bien. Todos sabemos, en el Barcelona, que todo el equipo es colaborador para que Lionel Messi reciba la pelota y haga el gol. Ganan todos. Reconocen que el más calificado para hacer goles es el campeón. Así nos va en la Argentina. No formamos un equipo de ganadores. Nos falta trabajar en equipo como pueblo, como gobierno. Pocos analizan que este gobierno recibió una Nación saqueada, endeudada por un poder corrupto. Los corruptos quieren volver al poder, no para robar porque estamos con economía en rojo, sino para evitar la prisión. Triste realidad. Nuestro presidente, con su equipo, decidirá si juega el partido con seriedad, con peligro de perder en 2019, o se juega con el populismo, que nos dejó en la lona. Siempre reconocí que Mauricio Macri presidente dejó la vida de millonario para embarrarse en la política, con la ilusión de mejorar la República. Después de asumir, con las investigaciones de rigor, se enteró que el populismo había hecho quebrar la Nación. No abandonó, sigue luchando con los millonarios ladrones y políticos que desean y pregonan el fin de su presidencia. Deseo que Dios ilumine la actuación del presidente Mauricio Macri y su pueblo. No perdamos la fe.

Carlos A. Borisenko

DNI 4.340.294


De acuerdo con dos cartas

La Capital publicó en su edición del viernes 29 de junio, una carta en la que el lector Juan José de Guzmán hace referencia al multimillonario egipcio Naguib Sawiris, quien en el año 2015 decidió comprar una isla en Italia o en Grecia para acoger en ella a los ciudadanos que huyen desde Medio Oriente, Africa, Sur de Asia y los Balcanes, acosados por el hambre, las contiendas armadas y los conflictos étnicos. Las desesperadas emigraciones han provocado dramáticos naufragios que convirtieron al romántico Mediterráneo en una impensada tumba marina. Sawiris expuso su intención de adquirir una isla y transformarla en un nuevo país independiente habitado por doscientos mil refugiados que ya no serían tales, sino ciudadanos de Aylan Island. Así se llamaría la nueva nación, en recuerdo al niño sirio que se ahogó en septiembre de 2015. El filántropo, oriundo de la legendaria tierra del Nilo, comentó en aquel entonces que ya había localizado una isla griega privada para llevar a cabo su ambicioso y generoso proyecto. Muchos consideraron que era una utopía construir un país con puerto y todas las instituciones y servicios imprescindibles; pero el magnate egipcio sostuvo que con su dinero, con donaciones que le ofrecieron y el trabajo de los propios refugiados, la nueva nación podría ser otra referencia geopolítica en el mapa del planeta. Lo cierto es que en tanto la Unión Europea no sabe cómo resolver este acuciante problema, el país soñado por Naguib Sawiris no se pudo materializar hasta el presente en el archipiélago griego y ha quedado poco menos que en el olvido, al menos en la opinión pública. Por eso me parece oportuno que el señor Juan José de Guzmán haya actualizado esa noble intención en esta sección de La Capital. En otro orden de cosas, quiero decir que, por experiencia propia, estoy totalmente de acuerdo con la opinión vertida por el lector Marcelo Malvestitti en la carta que tituló: "Capacitarse para saber vender más".

Edgardo Urraco

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