Cartas de lectores

La tarea de los guardavidas

Ahora que "su majestad" el verano está en todo su esplendor, en los balnearios fluviales y atlánticos, así como en natatorios municipales y privados, surge una vez más la excepcional importancia de los guardavidas.

Jueves 07 de Febrero de 2019

Ahora que "su majestad" el verano está en todo su esplendor, en los balnearios fluviales y atlánticos, así como en natatorios municipales y privados, surge una vez más la excepcional importancia de los guardavidas. Sólo quienes han vivido la desgraciada experiencia de estar ahogándose pueden valorar en su enorme dimensión la importancia de un guardavidas, verdadero vigía en playas y piletas. Sea por la inconsciencia de los chicos y el descuido de los padres; sea por la irresponsabilidad de los mayores o por alguna cuestión accidental, estos nobles servidores cumplen una misión tan trascendente, como la de las vidas que le son confiadas a su pericia y responsabilidad. Es que más allá de la experiencia y capacidad técnica, deben tener como mejor virtud la atención constante, dado que unos segundos de distracción pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte. Intuyo que debe haber pocas sensaciones tan íntimamente gratificantes como las de salvar una vida. Quien está perdiendo la suya en un río, en un lago, en el mar o en una piscina, generalmente se halla rodeado de gente que no lo ve, o no se da cuenta de lo que le sucede. Es ahí donde con la mirada atenta y su acción rápida y experimentada, el guardavidas se erige en su ángel guardián. La existencia no tiene precio, no hay manera de pagar el salvamento de una vida, como no sea con un beso o un apretón de manos; con un abrazo o un llanto, y en todos los casos, con un sentimiento de eterna gratitud. Por ello quiero expresar mi reconocimiento a todos los hombres y mujeres que abrazaron la generosa profesión de guardavidas para desarrollarla donde el placer del agua puede convertirse en una trampa mortal.

Edgardo Urraco


Banalizar el nazismo es indignante

El 29 de enero pasado en el programa "Intratables" fueron invitados algunos abogados para opinar sobre los diversos informes que presenta el conductor. Estaba entre ellos Daniel Llermanos, ex juez devenido en abogado penalista mediático, quien en un momento del debate con otro colega, comparó la situación de los presos en las cárceles del país diciendo que era un holocausto. Casi inmediatamente recibió una réplica del periodista Ceferino Reato, que fue interrumpido en varias oportunidades por Llermanos, que lo acusó de pensar como Mussolini o Hitler. En primer lugar, usar la palabra holocausto en estas circunstancias es de una ignorancia supina digna de un negacionista de la Shoá, es victimizar nuevamente a los seis millones de judíos asesinados en Europa en los campos de concentración, las cámaras de gas y los hornos crematorios en el período más trágico, siniestro y criminal de la historia de la humanidad. Por supuesto, que luego de acusar al periodista de Mussolini o Hitler es digno de una persona con una patología mental de tipo criminal, pues tiene la violencia latente para la discusión o el debate. La producción del programa debería pedirle a Llermanos que se disculpe en forma pública, no invitarlo más al canal América y denunciarlo al Inadi. No se deben permitir expresiones que exacerben el antisemitismo latente. Con su sabiduría judía, hace cientos de años, Salomón ben Yehuda ibn Gabirol dijo: "Puede que te arrepientas de tu silencio una vez más, pero de tus palabras te arrepentirás dos veces".

Jorge Rubnicius


La llegada de Belgrano a Rosario

Por la mañana del 7 de febrero de 1812, Manuel Belgrano, con sus tropas cruzó el arroyo Saladillo a la altura de la actual calle Ayacucho. "En la posta de Aguirre, ubicada cerca de este lugar, se reorganizó el Regimiento 5; antes de ingresar a Rosario se formó la tropa, sacaron las banderas y con todo orden seguimos hasta el pueblo de Rosario. La delegación rosarina compuesta por el alcalde Alejo Grandoli, el comandante del Pago de los Arroyos, Pedro Moreno, y un grupo de vecinos recibieron a Belgrano y lo acompañaron por la Calle Real" (hoy Buenos Aires) hasta la actual Pellegrini. Llegados a la plaza frente a la Capilla del Rosario, "el coronel Belgrano formó las tropas y las presentó a la población", sitio que corresponde a la actual Plaza 25 de Mayo. Allí oró Belgrano como lo hizo en todos los templos de su trayecto. Luego se alojó en la casa de Juan Manuel Vidal, donde su esposa, María Catalina Echevarría, confeccionó la primera bandera nacional que se izó el 27 de febrero de 1812. En las inmediaciones acampó la guarnición de la Batería Libertad. En ese sitio "Belgrano realizó el Protocolo de la Creación de la Bandera Celeste y Blanca, bendecida por el párroco Julián Navarro, y enarbolada por primera vez por el delegado santafesino, Cosme Maciel.


Luis Angel Maggi
DNI 6.433.410


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