Lunes 20 de Octubre de 2008
El próximo 31 de octubre se conmemorará un nuevo aniversario de la reforma que Martín Lutero llevó a cabo en 1517 al plantar sus 95 tesis en la catedral de Wittemberg. El gesto de Lutero nos llama la atención sobre la necesidad actual de remover estructuras para poder despegar espiritualmente y encontrar nuestra verdadera identidad. Atarnos a convencionalismos, hacer las cosas por costumbre, no nos garantiza cumplir nuestro propósito. Además, las cosas no pueden salir "como Dios manda" si no vivimos como Dios quiere, y para saber lo que Dios quiere, basta leer su palabra contenida en la Biblia. Lutero fue un avanzado a su tiempo, y con la reforma puso la Biblia en las manos del pueblo, anticipando en más de 400 años una de las conclusiones prácticas del Concilio Vaticano II. No es extraño que desde las estructuras, por temor al cambio o por conveniencia, no pocas veces se haya llamado malo a lo que era nuevo. Quizás en una época de cambio de paradigmas, como también es la nuestra, tengamos igualmente que interrogarnos si los adelantos promueven o no el respeto por la dignidad del hombre y por sus derechos fundamentales como persona. Para eso deberíamos confrontarnos a diario con la palabra de Dios, la que Lutero sintió, hace casi cinco siglos, que debía poner como faro y brújula para el convulsionado mundo moderno, a pesar de los prejuicios de su tiempo.
Pedro Ceballos,
pedroceballos2005@ahoo.com.ar