Cartas de lectores

La reforma agraria de Grabois

Domingo 06 de Octubre de 2019

Si algún experimento le faltaba a nuestro país, el flamante Robin Hood argentino Juan Grabois y compañía ya lo propuso. Se trata de “la reforma agraria”, que hasta en Rusia fracasó. Pero en materia de revolucionarios sin ideas la Argentina es muy prolífica. No es casual que llevemos 70 años de decadencia económica. Es increíble la constancia en generar proyectos insostenibles por parte de nuestros muchachos. Parece que el afán por “gloria ya” no les permite ver que todos los experimentos fracasaron en la Argentina, y que el único experimento probadamente exitoso a nivel mundial, en nuestro país todavía no se aplicó. Simplemente se trata de producir la riqueza antes de distribuirla, y no al revés, como propone el actual Robin Hood. Esto me recuerda a esos vagos crónicos que para procurar sostener sus vidas de holgazanes apelan a toda clase de triquiñuelas y engaños, y al final acaban esforzándose y estresándose más que la mayoría de las personas que simplemente trabajan sin grandilocuencias. De modo análogo, el “enviado del cielo”, al igual que otros utópicos dirigentes del fracaso, apelan a toda clase de ardides para vender gato por liebre. No se rinden e insisten en mantener viva la llama de la neurosis argentina al proponernos que nos acerquemos constantemente a la cornisa. Sería bueno que, si tanto les gusta el vértigo, se tiren de una buena vez, pero solos. Y si tienen suerte, tal vez la historia hasta los convierta en héroes que se inmolaron en pos del bien común. Parecería ser que existe un germen trágico en el ser argentino, y que estos personajes constantemente procuran revivirlo, en cambio de apaciguarlo. Necesitamos dirigentes racionales, no azuzadores de nuestras peores pulsiones. La Argentina tiene una crónica precariedad y es extremadamente poco confiable como para darse el lujo de espantar, aún más de lo que ya las está espantando, a las inversiones, tanto internas como externas. Si Grabois insiste con su celestial propuesta, le sugiero que para perfeccionar el plan y evitar agregar otro fracaso más a la triste lista argentina de experimentos populistas fallidos, practique con el “capitalismo de amigos” del gobierno anterior. Tal vez le alcance sólo con la expropiación de las estancias del mayor terrateniente del país, Lázaro Báez, que sumadas poseen una superficie equivalente a veintiún veces la ciudad de Buenos Aires. Y allí podrá llevar a retozar a sus súbditos.

Jorge Ballario

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