Cartas de lectores

La realidad de las maestras

Como si fuese poco el bombardeo y desestimo que sufrió la docencia en las últimas décadas, a nosotros como estudiantes ya desde el principio de la carrera no nos es nada fácil enfrentar ciertas realidades.

Martes 07 de Agosto de 2018

Como si fuese poco el bombardeo y desestimo que sufrió la docencia en las últimas décadas, a nosotros como estudiantes ya desde el principio de la carrera no nos es nada fácil enfrentar ciertas realidades. El otro día me encontré en el colectivo con una reemplazante de mi edad (yo: observante cursando segundo año del profesorado de enseñanza primaria). Ambas habíamos compartido (cada una con su fin) un tercer grado de una hermosa escuela pública de Rosario. Por supuesto, me senté a su lado y charlamos. Quería un punto de vista realista y cercano (en tiempo) al mío. Me contó que no es fácil (eso ya lo tenía aprendido) y que vive a las corridas y a la espera. A la espera del llamado de alguna escuela que se encuentre en la necesidad de llenar un vacío espontáneo, de una docente con muchísimos años a cargo que ya no le da el cuerpo, o la voz o la paciencia; de algún imprevisto familiar, de algún nacimiento, o fallecimiento. En fin, siempre esperando. Ahí entramos nosotras, me dijo "las reemplazantes". Maestras jóvenes, recibidas, nómadas, que picotean de escuela en escuela, muchas veces privadas por la suma necesidad de conseguir trabajo. Y ojo, que con esto de privadas no digo que sea algo negativo, pero, si lo que más queremos y apoyamos es la educación pública y laica, ¿porque terminamos trabajando bajo las normas del negocio y la religión? Una vez más, por necesidad. De estas escuelas privadas te pueden llamar con el 50 por ciento de la carrera aprobada, mientras que en las públicas debes ingresar a un padrón que va "sumando puntos" a lo largo de tus innumerables y sorteados reemplazos, y por supuesto una vez finalizada la carrera y aprobadas todas las materias. ¡Qué dicotomía! ¿no? Ser reemplazante no es nada fácil. Llegar a un curso que no conocés, no te conocen, esa relación, esa confianza pedagógica es inexistente, ese rol que no se puede desarrollar en el poco tiempo que muchas veces se trata y encima debés enseñar. Sé que es una utopía, pero sería ideal que nosotros como alumnos en el mundo de la formación y la enseñanza, tengamos acceso al campo del trabajo, que al mismo tiempo podamos ser de ayuda dentro del salón. Hoy en día, aproximadamente hay una docente cada 30 alumnos. Treinta personas que piensan distinto, que tienen distintas velocidades y desarrollos cognitivos. Treinta personas con distintas dificultades, realidades familiares y carencias. Treinta personas con una historia distinta, y una, solo una docente para responder a todo eso. Si pudiéramos ser auxiliares designadas, si pudiéramos ejercer con la mitad de la carrera aprobada como una pseudopasantía, si pudiéramos ayudar al docente y aprender de él. La teoría es sumamente importante para entender lo que vemos y vivimos. Sin embargo, en el trabajo de campo, cuando salimos al barrio, a las escuelas, es donde más asimilamos todo lo que leemos y estudiamos. Es donde todo ese contenido hace efecto. ¿Podremos revalorizar la educación?
Camila Lucia Relloso


Necesitamos justicia

Cuando en charlas de sobremesa, muchas veces hablamos de "esta gente", no lo hacemos de manera discriminatoria sino englobante. No para apuntar hacia un determinado sector o grupo, llámense jueces, políticos o funcionarios. Nos referimos a todos aquellos que no por pertenecer a uno de esos sectores o grupos se corrompieron sino por haber estado vinculados a una asociación ilícita que actuó a favor de unos pocos en detrimento de un país entero. Cuando hablamos de "esta gente" lo hacemos peyorativamente, porque sentimos profundo desprecio por todo el mal que le han hecho a las instituciones de la República y fundamentalmente a la sociedad toda, habiéndola además dividido intencionadamente para intentar perpetuarse en el poder. Para que esta gente tenga el castigo que les corresponda necesitamos que la Justicia no nos defraude. Que vaya "con todo y por todo" contra esta gente. Es ahora o nunca la batalla a librar contra quienes se robaron todo, incluidos los sueños de todos, quienes deberán luchar por varias generaciones para sanar tantas heridas abiertas tras 12 años de latrocinio. Como el caballo de Atila, de quien se decía que tras su paso no volvía a crecer la hierba, habrá que refundar nuestra querida Argentina, pero para ello necesitamos justicia. Sus señorías, tienen la palabra.
Juan José de Guzmán


Construir un futuro para todos (II)

En respuesta a la carta del día 4 de agosto pasado, titulada "Construir un futuro para todos", quisiera decir que es admirable ver cómo su autora, Bernardita Torres, una chica de 16 años, no se dejó adoctrinar por el discurso de lavado de cerebro impuesto por los medios hegemónicos en su afán de manipular a las mujeres con la ideología de genero del lobby feminista. Si bien muchas personas se oponen al aborto por motivos religiosos (los cuales en mi caso no comparto por no ser creyente) lo realmente válido en la sociedad son los motivos científicos, y esta chica en su carta en vez de conformarse con meros planteos religiosos, por el contrario hizo un razonamiento deductivo concretamente sociológico y humanista apoyándose en las ciencias sociales en vez de en la religión. Mi punto es que la religión al igual que la ideología de género son creencias subjetivas meramente individuales de cada quien, por ende imponérselas al resto de la sociedad es un acto de individualismo contrario al de la objetividad de una postura colectivista que es lo que se necesita para una política realmente igualitaria para toda la sociedad. Legalizar el aborto, el gaymonio, la homonormatividad, y cualquier subjetivismo idealista sólo porque el dogma sesgado unilateral de la ideología de género así lo impone sería lo mismo que imponer una única religión a todo el conjunto de la sociedad, censurando y condenando a las demás y a los escépticos. Una sociedad se gobierna con consenso y ecuanimidad, cosa que el feminismo y el lobby LGTB no buscan. El abortismo malthusianista busca la "solución final" para erradicar la pobreza, erradicando a los pobres; la aburguesada "izquierda progre" está siendo manipulada por la derecha fascistoide. En los Estados laicos como los del panarabismo y el campo socialista nunca hubo aborto liberal ni adoctrinamiento sexista, alias "ideología de género".
Mathias Orué Suleimán


El rigor educativo

Cierta vez, en los años 80, hallándome en Córdoba, oí decir a un médico legista (también denominado médico forense) que "cuanto más crueldad se haya aplicado en un crimen, se necesitarán jueces y leyes igualmente crueles para aplicar el castigo". Y daba como ejemplo, el conocido "ojo por ojo, diente por diente" y la pena de muerte. Como en nuestro país, por diversos motivos estos métodos no se aplicarán, entonces, ¿cuál sería el camino a transitar para, por lo menos, no perder la dignidad que merecemos, tanto para vivir como para morir? Seguramente, la mayoría de la gente dirá: la educación. Propuesta que yo también acepto. Pero con una condición: aplicando el mayor rigor educativo que el pueblo necesita no solamente en la educación, sino, también en la Justicia. El rigor educativo comienza educando al educador, llámese éste maestro, profesor, juez, periodista, sacerdote, mamá o papá. Y requiere esencialmente esfuerzo, compromiso, solidaridad y arrojo de parte de los educadores y apertura del pueblo al conocimiento. El presente que vivimos, con una disputa por si se debe o no abortar libre y legalmente, es una señal enorme del retroceso que hicimos como seres civilizados. La incivilización de la que hacemos ostentación los argentinos desde hace varias décadas, agudizada en los años de "la década ganada", hoy nos pasa facturas tan altas, que ya no nos sorprende ni nos asusta nada, en lo que a delitos se refiere. Y seguir quejándonos, ¿para qué? Lo que necesitamos es acción urgente: trabajo, toma de decisiones, objetivos, metas y dedicación en favor de una vida mejor, por el bien de todos, pero de los más pequeños especialmente.
Daniel Chávez
DNI 12.161.930


Tiene gusto a jabón, pero para mí es queso

Ese es el pensamiento "militante-dogmático-kirchnerista". Entonces aunque puedas mostrarle las evidencias irrefutables de un robo, como nunca antes había existido, la respuesta será invariablemente la misma; "sí pero, ¿de Fulano y de Mengano no decís nada?". No importará si lo que está expuesto ante sus ojos es verídico o incontrastable, la tendencia será "siempre" la misma, fugar para adelante. Porque su interés mayor no será la verdad o lo más parecido que se pueda llegar, sólo piensan en ganar batallas cortas, inmediatas en cualquier intercambio de ideas. El síndrome "Brancatelli" patentiza esto con una nitidez absoluta. Cada vez que le sea cedida la palabra para opinar de lo que se esté opinando, siempre comenzará del mismo modo; "reconociendo como válido lo que una investigación pueda estar desnudando respecto a la corrupción asfixiante ocurrida durante 12 años", pero no debemos olvidar la denuncia, gravísima contra María Eugenia Vidal, de los maestros (creo que Brancatelli está necesitando otra "paliza" de Vidal) o los consabidos Panamá Papers. Jamás un contundente rechazo a las políticas cleptocráticas del kirchnerismo (su misión es la de defender lo indefendible). Sólo es necesario que la Justicia falle a conciencia y no nos falle en este momento. Argentina tiene la oportunidad de modificar un modus operandi, que funcionó como norma desde hace mucho entre Estado y contratistas.
Roque Villazán

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