La leyenda

La leyenda
Según Heródoto, el gran historiador de la Grecia antigua, el padre de los dioses y los hombres (Zeus), estaba muy consternado luego de su condena “in aeternum” a Prometeo por haber conferido éste a los hombres el secreto del fuego. Un águila le devoraba el hígado, que luego le crecía nuevamente, mientras permanecía encadenado a una montaña. Zeus, que no podía revocar su siniestra condena por ser ejemplificadora para todos los dioses que habitaban el Olimpo, buscaba compensar el sacrificio al que había sometido a Prometeo. Su abatimiento era conocido en todo el Monte Sagrado y los dioses no hallaban el modo de revertirlo. Fue entonces, de acuerdo a Heródoto, que una Musa se apiadó de Zeus y descendiendo del Parnaso, se dirigió al Olimpo para tratar de aliviar su remordimiento. “Mi gran Señor, si tú me lo permites, creo tener la manera de redimir a Prometeo y a los hombres que conocen el poder del fuego a través de él”, le espetó la Musa. “Yo – prosiguió-, que inspiro a artistas, poetas y escritores, he imaginado un juego que será universal y unirá a todos los hombres del mundo, debido a su belleza y practicidad. Además, servirá para confraternizar e incentivar la amistad, el valor más preciado de la condición humana”. Zeus, la observó pensativo y luego de unos minutos de introspección le preguntó: “¿Y cómo le denominarás a ese deporte?”. La Musa inspiradora de los artistas guardó un prudente silencio antes de responder: “Fútbol, mi gran Señor”.
Alejo Vercesi

