Lunes 16 de Junio de 2008
El pasado 11 de junio, alrededor de las 15 oí gritos, corrí al balcón y vi, en la vereda, a una joven llorando. La habían violentado la cerradura del auto que estacionó frente al edificio que habito, en bulevar Oroño y Brown. Le robaron objetos que dejó en el asiento delantero, descuido primario en la estrategia antirrobo que pasó de manos de la seguridad estatal a todos nosotros en el rol de bolillas de la lotería del robo. Poco después salimos a caminar con mi esposo en un espléndido día de sol. Regresábamos por avenida de la Costa cuando mi marido —viejo periodista de cierta notoriedad— no resistió la tentación de ver que dos policías en motocicletas paraban a un camión. Era novedoso, nunca vimos policías por la zona. El periodista que matrimonialmente me acompaña desde hace 50 años se entusiasmó: "Fijate, el camión tiene la chapa delantera tapada con nylon y atrás dibujaron letras y números en una madera que simula paragolpes, pero no coinciden". Telón rápido: tras breve charla con el camionero de las patentes truchas, los motociclistas policiales lo saludaron efusivamente y partió. Yo no tuve ningún pensamiento adverso por esta distracción de oos vigilantes, mi marido sí. Seguimos caminando, al llegar a Dorrego vi a un ciclista que, como tantos, pedalean por la vereda gambeteando peatones. De pronto giró, se puso a mi izquierda y me arrancó un collarcito que llevé durante 20 años, sin lastimarme, enfiló a la calle y tuvo la suerte de que el auto blanco de los que vuelan por esa avenida era conducido por un diestro automovilista que, por serlo, no lo aplastó. Continuamos el regreso, lento porque cada cuidacoches le recuerda una anécdota a mi esposo. La zona donde vivo se volvió crítica. Por calle Alvear arrebatos como el que sufrí son cotidianos y eso que escondemos la cartera, guardamos objetos de calor en cajas fuertes, antes de abrir las cocheras inspeccionamos, tenemos cerradura múltiples y no formalizamos denuncias por inútil y para no engrosar la estadística perjudicando la carrera del comisario de la seccional. Recuerdo que titaban a un boliviano porque su país, sin salida al mar, tiene un Ministerio de Marina y replicó: "Y ustedes no tienen un Ministerio de Seguridad".
Elida Jesús Cortés