Covid-19

La ignorancia conductora

Domingo 06 de Junio de 2021

Después de un tránsito de vida de 80 años y 50 de profesional de la salud me encuentro como toda la humanidad de cara a este novedoso virus llamado Sars CoV-2, productor del tristemente conocido Covid-19. Llegó, actuó y sin dudar comenzó a hacer estragos por doquier. Sorprendidos y desesperados nos mandaron guardar a todas las personas mayores, usar barbijos y distanciarnos a dos metros de un ocasional visitante, lavarnos las manos y usar alcohol sin ingerirlo. Eso fue el 19 de marzo de 2020. No fue muy difícil obedecer porque la mayoría ya no éramos sostén de hogar, sólo se trató de no ver más a los seres queridos y dejar de reunir a la familia alrededor de los platitos de la abuela y cosas por el estilo. Un buen día nos vacunaron a todos por viejos. Y desde entonces desde nuestro pasivo lugar somos testigos del aumento de los contagios y muchas muertes. Hoy a más de un año de aquel comienzo, jamás soñado siquiera en las peores pesadillas, vemos que los viejos aislados y vacunados nos morimos menos que los de menor edad. Y llenos de tristeza despedimos diariamente a personas mucho, muchísimo más jóvenes afectadas por el Covid-19. El mundo al revés. Y tanto al revés que ahora aparecieron unos “extraños” profesionales de la salud, pretendiendo arrastrar a personas que les “crean”, diciendo que no todos los muertos fueron por Covid-19, (80.000 argentinos) y una sarta de mentiras, que podrían caber en las borracheras de algunos pero nunca, jamás, en la palabra de profesionales de la salud cuya opinión merezca respeto. Presa de terror, veo que invitan a las personas a reunirse sin barbijos, abrazarse, amontonarse. ¿Desafían a la muerte, a la ciencia? ¿Desconocen el trabajo a riesgo de vida que realiza cada día el personal de salud? ¿Insultan a todos los que perdieron sus seres queridos sin un abrazo final por causa del Covid? ¿Se puede ser tan perverso? Confío que no. Que la sociedad en pleno, doliente y con algo de esperanza en el milagro, la ciencia o lo que guste, les escupa el rostro como merecen, simplemente ignorándolos.

Edith Michelotti

Obstétrica

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