Miércoles 23 de Diciembre de 2020
Hay una relación dialéctica entre el aumento de la exclusión social y el alto nivel de violencia que se manifiesta en la sociedad. No es una relación de causa efecto sino algo mucho más complejo. Es un proceso de precarización de las condiciones materiales de existencia de la mayoría de la población que se va agudizando con las décadas.
La precarización de la vida es un hecho material derivado de brutales ajustes abiertos y encubiertos. La concentración capitalista implica el deterioro del acceso a los bienes materiales y simbólicos.
A la hora de procurar comprender, que no es justificar la persistencia de hechos aberrantes como la violación de menores y la tendencia a naturalizarla, es preciso considerar cómo los mandatos patriarcarles de afirmación de una masculinidad ficticia encuentran en la publicidad de mercancías al cuerpo de las mujeres como un mero objeto a ser apropiado.
Las balaceras permanentes que aniquilan vidas de continuo son la expresión de una sociedad anómica con rasgos de descomposición y en vías de desintegración.
¿Acaso no es violenta una sociedad con 44% de pobreza un 10% de indigencia? Los discursos oficiales no pueden ocultar la cruel realidad.
Carlos A. Solero
DNI 13.032.961