Cartas de lectores

La esperanza de Priscila

Priscila es una nena de ocho años que padece una grave enfermedad llamada síndrome de Kotsmann, que está deteriorando seria y velozmente el estado normal de sus huesos, y cuya cura requiere urgentemente un trasplante de médula ósea.

Lunes 05 de Noviembre de 2018

Priscila es una nena de ocho años que padece una grave enfermedad llamada síndrome de Kotsmann, que está deteriorando seria y velozmente el estado normal de sus huesos, y cuya cura requiere urgentemente un trasplante de médula ósea. Ella necesita habitar, antes y después de la operación, una casa cercana al Hospital Británico de la ciudad de Buenos Aires, donde se realizará la intervención. Esta demandará importantes gastos que al parecer serán solventados por el gobierno de la Nación. Pero queda la cuestión del alquiler de una casa en Buenos Aires por el término aproximado de un año. Y dado que la familia de la nena es de escasos recursos, amigos y vecinos solidarios organizaron un festival musical en la plaza Rivarola para obtener fondos. El festival fue exitoso y por ello se están programando nuevos eventos. Pero queda claro que estos entusiastas y generosos intentos no alcanzan para reunir el dinero necesario; en tanto, la cruel enfermedad avanza, por lo que el Estado nacional debería garantizar la atención de este caso y de otros parecidos. Tendría que crear subsidios para atender sin la menor burocracia, el traslado y las estadías que demandan situaciones como la de Priscila. Y no vendría mal que empresas estatales y privadas colaboraran con el fin de mejorar la salud o salvar vidas de personas cuyos recursos no pueden resolver las erogaciones que exigen complejas intervenciones en el país o el extranjero. Además hay que considerar la cuestión del donante de médula; en este sentido, la nena ya cuenta con uno compatible. Todos queremos que en el dique de la esperanza se abran las compuertas de la solidaridad, el altruismo y los reflejos gubernamentales, para que pueda discurrir el río que riegue las orillas de la vida; en este caso, la vida de Priscila.

Edgardo Urraco


Queremos seguir sin opresiones

Hace unos días volví a leer una carta mencionando el tema de renovación de carné de conducir a los adultos después de los 70 años, y me sumo a la misma por mi edad. Paso la misma angustia que los que me acompañan con este problema. Realmente es vergonzoso que nos hagan tan penoso este trámite cuando tendría que ser muy fácil haciendo presentar a quien va a rendir un antecedente confeccionado por compañía de seguro de los accidentes que hubiera o hubiese ocasionado el solicitante de la renovación. Si la misma contara con accidentes serios que traigan problemas a otros transeúntes por peligrosidad entonces cabría un examen más duro para apelar al buen o no manejo para su aprobación. Es hora de no poner más problemas al adulto que usa el auto para ir al médico o llevar y traer a sus nietos del colegio.

Martha Chimento


Casualidad o coincidencia

El 11 de noviembre se cumplen 100 años de la finalización de la Primera Guerra Mundial. De tenor básicamente político por ser una alocada combinación de armamentismo, con el afán de sostener el control de las colonias africanas para la obtención de recursos, a los que se sumaron los incipientes nacionalismos representados por etnias que formaban parte de imperios y buscaban independizarse, dejó como peor saldo un tendal de muertes. Sin embargo, no fue suficiente una guerra mundial. La estupidez humana, algo que suele ser muy común en algunos gobernantes, la traducen en soberbia, creyéndose superiores y los mejores, y en el temor a que quede en descubierto que no son dueños de la verdad ni del pueblo, desencadenó una Segunda Guerra Mundial con sus más crueles procederes. Pero el 11 de noviembre, a las 11 horas y 11 minutos, comienza la "quinta estación del año", el Carnaval, que bajo el reinado del rey Momo, culmina el "miércoles de ceniza" que da inicio a la Cuaresma, tiempo de penitencia, de reflexión y meditación sobre los errores cometidos.

Helga Lucia Ehret


Tenemos un país inviable

Casi once millones de pesos costará reparar todo lo que destruyeron los manifestantes mientras se debatía el proyecto de Presupuesto Nacional 2019. Los daños son considerables, producto de actos vandálicos de un sector que cree que el país saldrá de esta crisis a través de actitudes extremas. No aprenden más. Así, el país es inviable. Pasarán varias generaciones hasta que esto cambie definitivamente. Se necesita toma de conciencia, mejor educación, cordura, ciudadanos con mayor formación para afrontar los hechos de la vida diaria. Hace décadas que un importante flujo poblacional enfermó de violencia en todas sus manifestaciones, y en esas condiciones es imposible pensar en una nación próspera.

DNI 18.242.927


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