EPE

La EPE y el "prende y apaga"

Viernes 16 de Julio de 2021

Vivimos en un mar de incertidumbres. La pandemia, las olas de contagio que van y vienen, las pérdidas dolorosas que afrontamos sin tiempo para duelos. Cada uno se refugia en su hogar para lamerse las heridas, pero a veces algunos se encargan de boicotear esos instantes de calma con juegos truculentos que nos dejan al límite de la desesperación. La EPE es magistral en inventar ámbitos de locura para nuestro edificio. Ha creado un nuevo juego, que aprendió de la televisión: el “prende y apaga”, con el que trata de entretenernos (es todo un logro) a nosotros, desesperados ciudadanos que tenemos que pensar en el fin de nuestros artefactos eléctricos que se queman por los altibajos de la tensión eléctrica, como el televisor del quinto piso. Otra cosa que agrega dramatismo a nuestra vida es vivir el safari cotidiano de tomar el ascensor y rogar minuto a minuto poder llegar al ansiado destino, sin que “el apaga” nos tome en su interior. Cada uno lo aborda como un valiente, llevando en los bolsillos el número telefónico del servicio de urgencia de los ascensores. Este teléfono escrito, actúa como un elemento contrafóbico para sortear el trance del “encierro” con menor angustia. Les ha pasado a varios intrépidos, pero el caso más resonante ha sido el de nuestra vecina de 90 años que con su cuidadora subía a uno de los últimos pisos en su silla de ruedas, gracias a la lista telefónica pudo avisar a sus hijas y además la cuidadora dio con la doble urgencia de salvataje, la del ascensor y la de asistencia médica. Dado que hoy, el edificio se adelantó a diciembre y titiló como arbolito de Navidad aproximadamente 20 veces, se quemó el fusible del ascensor. Algunos (los menos), agradecimos, dada la ausencia de nuestras sesiones del gimnasio por temor al contagio, tener otra vez la osadía de subir nueve, ocho o menos pisos. Siempre ayuda un poco de gimnasia. Por otra parte, dado que no funcionan las bombas, hay que acarrear agua, fortaleciendo los brazos y de hecho no hay calderas que soporten este desvarío. Pero todos sabemos que una ducha helada siempre es beneficiosa para la piel. Los señores de la EPE, que se suponen están al servicio de los ciudadanos, tienen al edificio de Urquiza 1091 y a otros de esa cuadra hace 45 días soportando estas graciosas situaciones. De nada sirven los reclamos, mandan cuadrillas de trabajo sin recursos para la atención de cables y fases emparchadas una y otra vez y parece que esperan la explosión final para actuar en consecuencia. Si esto sigue así sólo nos queda ir frente al edificio de la EPE y hacer un “banderazo” de protesta. Nuestra salud mental nos demanda una catarsis.

Consorcio Propietarios

Urquiza 1091

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