Jueves 02 de Octubre de 2008
En su libro "Capitalismo, socialismo y democracia", Joseph A. Schumpeter sostiene que el proceso de destrucción creadora constituye la esencia del capitalismo. Para el autor austríaco el capitalismo es un proceso evolutivo, un método de cambio económico que jamás puede ser estacionario. El carácter evolutivo del proceso capitalista se debe fundamentalmente a la energía desplegada por la empresa capitalista en su afán por crear nuevos bienes de consumo, nuevos métodos de producción y de transporte y nuevas formas de organización industrial. La evolución capitalista implica un proceso de mutación industrial que destruye lo antiguo y lo reemplaza por nuevos elementos. Lo obsoleto es sustituido por lo moderno, con lo cual se produce una revolución incesante dentro de la estructura económica capitalista. El capitalismo evoluciona debido a que en su interior se da "un proceso de destrucción creadora", se produce un reemplazo violento de estructuras económicas ineficientes por otras más eficientes. Así concebido, el proceso de destrucción creadora implica la aplicación del más crudo darwinismo al desarrollo capitalista. El más fuerte devora al más débil, el eficiente entierra al ineficiente. Ahora bien, la crisis financiera que azota a los Estados Unidos está demostrando el carácter mítico del pensamiento schumpeteriano. En efecto, si el capitalismo fuese en verdad el fruto de un proceso de destrucción creadora empresas capitalistas como Lehman Brothers, Merrill Lynch y Washington Mutual, hubieran desaparecido de la faz de la tierra siendo reemplazadas por estructuras económicas más eficientes. Sin embargo, el presidente Bush, acorralado por la angustia, está haciendo lo imposible por salvarlas de la hecatombe. En definitiva, el proceso de destrucción creadora es selectivo, elige a sus víctimas que no son (ni serán) las amigas del poder.
Hernán Andrés Kruse, hkruse@hotmail.com