política

La decadencia nacional

Miércoles 11 de Agosto de 2021

En los años 50, en nuestro país, se generaron una estructura económica y un Estado de bienestar, capaces de mantener una sociedad moderna y consumista por algunos años, pero se pensó eterna. La idea de un país rico, granero del mundo, con una gran clase media y con gran movilidad social prendió de un modo indeleble en nuestra cultura. Nuestra persistente dificultad para desactivar esa trampa nos condenó a crisis cíclicas, con todo lo que ello significa en caídas del ingreso, recesión, aumento de la pobreza y angustia colectiva. Por este motivo continúa siendo dificultoso para la clase política avanzar contra esa ideología mediante reformas macroeconómicas que nos ubiquen en un trayecto más saludable y prolífico. Este masoquista cóctel que sufrimos los argentinos y que nos condena a un eterno retorno neurótico de la crisis seguramente habría sorprendido hasta al mismísimo Freud. Si fuesen pocos los gobiernos que cometen errores, sería por su culpa. Pero cuando, tal como ocurre, todos los gobiernos cometen los mismos errores somos nosotros; o en todo caso, se debe a la relación hipócrita que se ha entablado entre la ciudadanía argentina y su clase dirigente, basada en un piadoso diagnóstico de nuestra enfermedad. Esto nos lleva a un tratamiento demasiado optimista y por tal motivo insuficiente. Técnicamente, los problemas crónicos de nuestro país se llaman: elevado déficit fiscal, excesiva carga impositiva, alta inflación, creciente pobreza, crisis cíclicas e inestabilidad económica y política. Por no poder o querer asumir nuestra realidad económica nos convertimos, metafóricamente, en un hijo de rico venido a menos que aún vive como si lo fuese, pero triste y debiéndole una vela a cada santo.

Jorge Ballario

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