La cultura olvidada
En la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario se ha instalado un clima que año tras año nos asombra a todos los que hemos decidido por vocación, dotes intelectuales y conocimientos adquiridos, insertarnos en la cultura y las artes universales.

Domingo 22 de Junio de 2008

En la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario se ha instalado un clima que año tras año nos asombra a todos los que hemos decidido por vocación, dotes intelectuales y conocimientos adquiridos, insertarnos en la cultura y las artes universales. Las políticas instrumentadas no han sido expansionistas, mucho menos evolucionistas, y si los compromisos contraídos son acuciantes y el insaciable gasto público agudiza la situación, no es menos cierto que desde hace años las expresiones culturales encuentran escollos a la hora de potenciar sus inquietudes. En este país nunca hay partidas suficientes para promover la cultura y la educación; no existen subsidios y no se puede patrocinar. Sorprende enterarnos de que se ha agotado una vez más el presupuesto asignado a la Secretaría. Siempre los recursos tienen otro destino, como una afrenta a la sociedad que los provee. En el aporte económico que debiera provenir del presupuesto de la Subsecretaría de Cultura no se contempla la difusión y desarrollo significativo de las variadas expresiones artísticas de nuestra ciudad, que no tienen apoyo oficial. En contraposición se apoya a corrientes artísticas foráneas y cuya intrascendencia y mediocridad suelen ser una constante. Quienes por años hemos atravesado nuestra vocación con amor y devoción veríamos con agrado que la voluntad, la fe, el deseo de superación que enriquece nuestra trayectoria —sin orgullo o vanidad, sólo con la satisfacción que otorgan los propósitos logrados con esfuerzo y tenacidad— sean respetados y reconocidos. Destaco la labor del señor Daniel Cocci, encargado de la organización de los conciertos clásicos, siempre a favor de las expresiones culturales al servicio de la sociedad. Tenemos la esperanza de que los funcionarios con poder de decisión tomen conciencia de que un pueblo que no sustenta en la cultura la base de la sociedad es un pueblo enfermo y condenado al fracaso. Y la nuestra padece hoy una triste etapa de disgregación cultural.

Olga Ponce