La casa no está en orden

Lunes 11 de Abril de 2022

Se aproxima Semana Santa pero el Vía Crucis argentino no espera al día viernes. Es tal su cronicidad que la cruz se encarna en los hombros de un pueblo sumido en el hastío al que lo someten los gobernantes de turno. Turno que se hace largo esperando relevos que hoy son parte de una utopía cargada de incertidumbre y degrada la esperanza tantas veces vapuleada por la recurrente realidad. Con matices disímiles pero resultados análogos y que repetidas en el tiempo agudizan la situación. La “casta política” sólo ensaya un contundente y certero diagnóstico de la situación coyuntural, pero a la hora de la cirugía inminente y de extrema urgencia, opta por anestesias tan efímeras como inconducentes, sabiendo por experiencias reiteradas que resultarán estériles cuando pase su efecto a corto plazo. La inflación ganó una vez más la guerra. Pero esta vez se enfrentó a un ejército diezmado desde adentro. Con un general inventado, producto de una probeta que sólo tenía como objetivo engendrarlo. Pero que se debate entre la ineptitud propia y traiciones ajenas, pero dentro de sus ficticios subordinados que alimentaron la quimérica misión para la que fue ungido. La pobreza, única industria que se le puede adjudicar a este populismo maquillado pero indisimulable, genera más y más miembros de una sociedad convertida en rehén de las dádivas, excluida del circuito laboral formal y que como contraprestación al subsidio “oficial” se presta a manifestaciones poco efectivas pero muy perjudiciales para quienes deben soportarlas. Completa el escenario político la oposición, disgregada e inerte como siempre. Sólo son espectadores de lo que ocurre y ante la carencia de ideas se suman al “mientras peor, mejor” del cual fue víctima el anterior gobierno. Lejos estamos de soluciones profundas si no apelamos al consenso. Llegará el domingo Pascual y esta vez (otra vez) “la casa no está en orden”.

Ernesto Ercoli