Martes 07 de Octubre de 2008
La carne más barata de la isla no es el sábalo, el carpincho o el novillo. Es la de la gente, el peón, el pescador, que con sus familias vive desde décadas sometida a una explotación por los mayoristas de pescado, después los frigoríficos del sábalo y ahora los ganaderos. Mal pagos, sin salud, ni jubilación, cero cultura, cero futuro para sus hijos. Ahora, con los incendios en las islas, aparecen sugerencias muy llamativas. Por ejemplo, entidades ecologistas que quieren instalar en la sociedad el tema sobre si conviene comprar varios aviones de 3 millones o uno de 30 millones para apagar los incendios. Los aviones (cuyos gastos pagarán santafesinos y/o entrerrianos) apagarán el fuego sólo cuando el humo venga para Rosario. O sea se asegura la continuidad de las quemas. Aviones más incendios más humo liquidarán lo poco que queda de reserva natural. Es de pensar que esta "idea" es a medida de los ganaderos para asegurar el negocio. Nadie considera cómo vive la gente de las islas. La carne más barata y fácilmente reemplazable de la isla es la del pescador. Además, abusando de su ignorancia, son esclavos de la amenaza de que si no hay pesca (o ahora vacas) se morirán de hambre. Y así siguen generación tras otra su infeliz vida de explotación, mal pagados, sin salud, ni educación. Sus vidas son puro sacrificio (y seguramente el promedio muy inferior a la media) que sólo les deja una pila de hijos como nuevas víctimas del sistema. El gobierno de Entre Ríos debería revisar su política de derechos ecológicos y humanos. Una reserva natural garantiza que cada pescador o peón se convierta en guía de turismo, trabajo que le cambiaría radicalmente su expectativa social, cultural y económica. Alquiler de cabañas, turismo, safaris fotográficos. Es el paso a la dignidad. Pero, claro, a quién le interesa eso. Si es la carne más barata.
Angel Milicic