Cartas de lectores

La angustia de votar

Votar, primer paso de la vida en democracia, crea una responsabilidad única. Muchos de los que llevamos años haciéndolo, observamos con tristeza la repetición de la modalidad de campaña preelectoral que hemos sufrido por años, con el enorme despilfarro de dinero gastado en publicidad prometiendo lo que ignoran si van a poder cumplir, justamente en un tiempo de crisis, con el hambre y la miseria en gran parte de nuestros niños y abuelos.

Miércoles 03 de Abril de 2019

Votar, primer paso de la vida en democracia, crea una responsabilidad única. Muchos de los que llevamos años haciéndolo, observamos con tristeza la repetición de la modalidad de campaña preelectoral que hemos sufrido por años, con el enorme despilfarro de dinero gastado en publicidad prometiendo lo que ignoran si van a poder cumplir, justamente en un tiempo de crisis, con el hambre y la miseria en gran parte de nuestros niños y abuelos. ¿No se les ocurre otra forma de transmitir sus proyectos de forma menos costosa? Tanto como para demostrarnos que tienen absoluta conciencia de que la Argentina debe encontrar un rumbo que exige en primer lugar poner los pies sobre la tierra. Duele ver sus rostros sonrientes y seguros, repitiendo una vez más por todos los medios posibles, las memorizadas frases que no convencen a nadie, invirtiendo en ello sumas importantes de dinero. El voto es nuestra decisión una vez más, y una vez más empezaron mal. Repiten que van a mejorar la salud, la educación, el PBI, la economía, la desocupación, y tantas cosas urgentes. Pero no explican cómo piensan hacerlo. Se los ve desunidos, agresivos, acomodando sus ideologías a sus bolsillos. Así es, en general, la mirada del peatón con quien comparto mi vida cotidiana. Aún es tiempo de tratarnos como lo que somos, ciudadanos entristecidos por la pobreza, la inseguridad, las enormes dificultades de la clase media para lograr una vida digna, el desprecio por los jubilados. Por todo ello y mucho más, para la mayoría de nosotros, votar hasta hoy, resulta un calvario.

Edith Michelotti


Dejen de reírsenos en las narices

Tras 28 años de haber ocurrido el ilícito, "el Tribunal Oral Correccional Federal Nº 2 condenó al ex presidente Menem y al ex ministro Cavallo a...". Qué importa conocer cuán dura fue la condena, porque además, ésta será efectiva sólo cuando Casación la ratifique. Y siempre y cuando no termine llegando a la Corte Suprema de Justicia, de mediar una apelación. Y si la sentencia quedara firme y tuviera que cumplir cárcel, ello sucederá siempre y cuando la Cámara que le dio fueros habilite la detención, o los médicos que confeccionen el informe que aconseja "el cuidado del procesado en el extranjero" lo autoricen (porque la Justicia ya lo había hecho previamente). Así funciona la Justicia en nuestro país, por obra y gracia de los políticos que supimos elegir, que se ríen en la cara de los ciudadanos mientras vigilan desde el Congreso que no se extingan los dominios de los corruptos. Porque todo esto sucede mientras solemos enfrascarnos en inconducentes discusiones sobre "quién es o fue más corrupto que el otro". Mientras ocurren esas peleas, la Justicia terminará demorando, encubriendo o cajoneando las causas que comprometan seriamente la libertad o los bienes mal habidos de los políticos. Porque hasta que no seamos capaces de generar una marcha gigantesca exigiendo a la Justicia que haga lo que sea necesario para que las causas sean monitoreadas en su duración mensual o bimestralmente, y que de ello se le rinda cuentas "al soberano" seguiremos enfrentándonos tontamente en vez de buscar consensos que nos permitan planificar juntos cuál es el país que pretendemos y hacia dónde queremos ir.

Mario Andeguz


En la cancha sí, en el escritorio no

¿Sería justo pretender borrar en un escritorio la derrota en Madrid? En algún momento, más temprano que tarde, el TAS deberá expedirse sobre el reclamo xeneize por aquella inolvidable final de Copa Libertadores en el Santiago Bernabéu. Después de ese vibrante encuentro, jugado con la intensidad que era dable esperar, tratándose como lo fue, de un hecho único e irrepetible como el que afrontaron dos equipos, que nunca antes habían llegado a una instancia tan decisiva como aquella del 9 de diciembre de 2018. Que lo tuvo a Boca arriba en el marcador hasta los 67 minutos pero que con convicción y progresando en el juego River lo dio vuelta y se consagró legítimo campeón. Tanto que los mismos jugadores y técnico del vencido reconocieron hidalgamente la justicia de aquel resultado. Sucede que el fútbol es un negocio (y de los más grandes) y los sedientos estudios de abogados que asesoran al presidente de Boca hicieron que éste faltara a su palabra y reclamara ante la última instancia que le quedaba por acudir, que le den por ganado el partido, que aceptó jugar y perdió en la cancha; por ende, que se lo declare campeón en los escritorios del Tribunal Arbitral del Deporte. Una institución que supo reinar entre los mejores clubes del mundo no merece este oprobio. Aunque finalmente lograra su objetivo, a nadie podría convencer su coronación, porque el mundo entero lo vio retirarse derrotado del Bernabéu.

Juan José de Guzmán

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