Juegos olímpicos, deporte y política
Desde su nacimiento los Juegos Olímpicos estuvieron relacionados con las cuestiones políticas. Esto, cabe recordarlo, pues en los últimos años se ha procurado ocultarlo de un modo u otro. En efecto, cuando por vez primera se impulsaron los Juegos Olímpicos fue como una manera de atenuar los enfrentamientos armados, las guerras.

Jueves 10 de Abril de 2008

Desde su nacimiento los Juegos Olímpicos estuvieron relacionados con las cuestiones políticas. Esto, cabe recordarlo, pues en los últimos años se ha procurado ocultarlo de un modo u otro. En efecto, cuando por vez primera se impulsaron los Juegos Olímpicos fue como una manera de atenuar los enfrentamientos armados, las guerras. Como bien señala en sus estudios Norbert Elias, el proceso civilizatorio halla en el deporte huellas de cierta pacificación global. Ahora bien, a lo largo de la historia se ha hecho uso de los juegos olímpicos por parte de los Estados totalitarios con fines propagandísticos; recordemos la manipulación que de ellos hicieron en Alemania los nazis en la cúspide de su poder. También hubo como digna respuesta juegos olímpicos organizados en España por los republicanos y socialistas.

Otro caso interesante es el de la olimpíadas de Moscú de 1980, cuyo régimen bolchevique de Brezhnev había invadido Afganistán. En territorios como la Argentina, la dictadura militar también hizo uso del deporte organizado como elemento de ocultamiento del terror. Sí, el Mundial de fútbol de 1978. En la misma época en que torturaban a disidentes políticos en la Esma, a pocos metros de allí multitudes exultantes aplaudían a jugadores y déspotas sangrientos. Por estos días, el traslado de la llama olímpica hacia Beijing (China) también es motivo de disputas políticas. El conflicto por el Tíbet emerge tras la fanfarria del régimen de partido único.

Sería bueno que esta circunstancia pusiera al desnudo en la comunidad internacional el carácter terrorista de muchas de las potencias mundiales cuyos atletas participan en los juegos olímpicos. Desde EEUU, que no ha dejado de matar personas en Irak y Afganistán y en todo el orbe, hasta Rusia, atacando a los pueblos de repúblicas vecinas. Y un lamentable rosario de Estados que perpetran violaciones a los derechos humanos en América, Asia y Africa.

Carlos A. Solero

(profesor de Sociología UNR),

casolero_1@hotmail.com