Viernes 16 de Mayo de 2008
Ya en el 2007, el señor Dario D’Antonio se quejaba de los ímpetus campaneros del cura párroco de la Iglesia de San Cayetano. Hace unos días la señora Silvia Cervera volvió sobre el tema, en esta página. Me gustaría aclarar que tengo un particular amor por el sonido de las campanas. Por distintas razones siempre tuve ese placer en la lejanía. Recuerdo de chico, el sonido de las campanas del Palacio Fuentes dando las horas. Claro, yo vivía en San Luis al 400. Reconozco que otra debe ser la situación, cuando el campaneo nos llega de unos pocos metros. He buscado en diversas fuentes qué es lo que la liturgia católica estipula para el repique del llamado a misa. Lamentablemente el Segundo Concilio Vaticano creó una suerte de anarquía en diversas estipulaciones que previamente estaban perfecta y claramente establecidas universalmente. De cualquier manera, parecería que el repique del llamado a misa no debe superar los cinco minutos. La mayoría de las parroquias establecen un repique que no debe exceder los dos minutos. Creo, y ya lo he manifestado con anterioridad, que son las autoridades municipales quienes deberían establecer normas que organizaran este tipo de problemas, que afectan a parte de la población. De cualquier manera, y como no le podemos pedir peras al olmo, no estaría demás hacer un llamado a la tolerancia: que el cura párroco de San Cayetano aplaque sus ímpetus campaneros y que los vecinos acepten un poco de campaneo reducido.
Cristián Hernández Larguía