Domingo 06 de Abril de 2008
Soy docente. Cumplí treinta años de servicio frente a los alumnos de las escuelas secundarias cuando hace un año un docente en el reclamo de sus derechos era asesinado en Neuquén. Y hoy puedo más que nunca aseverar que no debo bajar los brazos. ¿Por qué? Porque a pesar de tantas injusticias y desprecios hacia los educadores rescato lo esencial de la profesión: los alumnos. Ellos, que acompañan nuestra tarea diaria tratando de comprender cuál es nuestro objetivo principal, que dejen de pertenecer a ese único fin de muchos que es un pueblo ignorante. Y cuando digo ignorante expreso pensamiento, reflexión y juicio crítico, no sólo conocimientos. Por eso, gracias a todos quienes fueron y son mis alumnos de las escuelas Nº 230 de Coronel Bogado, 270 de Uranga, 248 de Godoy, 353 de Cabral y a aquel grupo de 16 varones que cursaban allá por el año 1978 el tercer año división segunda del Colegio Nacional Nº 1, quienes con su participación necesaria y valioso silencio en la clase de lengua me permitieron aprobar la materia fundamental de mi carrera: práctica de la enseñanza. A todos mi recuerdo y mi agradecimiento. Seguiré transmitiendo a los alumnos mis pilares de vida: memoria y agradecimiento.
Liliana campagnoli, liliana_romo1922@hotmail.com