Jueves 03 de Abril de 2008
Fue duro y difícil para mis hijas y mi familia enterarme el último día de vacaciones de que el Colegio Religioso Familia de Dios, en el barrio Fisherton, no aceptaba a Micaela y Paula como alumnas. Estuve todo estos días reflexionando —y consultando con los organismos correspondientes por lo que entiendo es un claro caso de discriminación— cuál o cuáles eran los motivos que el Colegio mencionado tenía para esa decisión. Mi hija mayor ingresó al colegio en el año 2005 y las maestras se quejaban porque hablaba poco y nada, que no había nada verbal en su comunicación (tenía 5 años). Todo el año fue de idas y vueltas por esto y mi pregunta era ¿dónde estaba el colegio para ayudarla en las horas de clase? Para lograr una vacante al año siguiente para mi segunda hija tuve que apelar a cualquier cosa. Cuando ya estaba resignada, el dueño de la casa en la que yo trabajaba en aquel entonces –soy empleada doméstica– habló con el cura de la escuela, a quien conocía de verlo los domingos en misa. Milagrosamente, al día siguiente apareció la vacante. Fueron varias las veces que tuve que escuchar el hiriente comentario de "¿no tienen una escuela pública en el radio?" o "tal vez, este colegio no esté a su alcance" y cosas así. El último año, los problemas eran con la segunda de mis hijas, pero esta vez la queja era ¡que hablaba mucho! En el curso del año, en mi familia hubo problemas a raíz de un accidente de tránsito, el cual me impidió llevar a las nenas por un par de días al colegio. A pesar de la explicación, el día que fui a retirar las nenas, me esperaban en portería la vicedirectora, la maestra de mi segunda hija y otras maestras diciéndome, entre lo que entendí como insultos, que no era una buena madre, que no acompañaba a mis hijas y un montón de mentiras más. La cuestión es que el día de la inscripción, el abogado del colegio mencionado dijo que por orden de la directora Silvia Macedo no las iban a aceptar porque nuestra familia era una familia "pedagógicamente" con problemas. La pregunta que me hago es si no le corresponde al colegio solucionar el problema pedagógico si existiera, o tengo que creer que, como me dijo la madre de una compañera de las chicas, en el colegio buscaban "otro nivel de gente". Quizás mi trabajo en el servicio doméstico, ganándome honradamente el dinero como en cualquier trabajo, no debe ser aceptado por quienes consideran elevar el "nivel social". Mi marido, mis hijas y yo nos sentimos absolutamente discriminados por esto y hemos procedido a hacer la denuncia correspondiente al Inadi. Y escribo esto porque imagino que con colegios así no debemos ser la única familia discriminada por el solo hecho de ser humildes.
María Fernanda Bruzzo de Cardozo, DNI 30.074.135