Domingo 16 de Marzo de 2008
A raíz del desastre en Dolores escucho y leo: "En qué manos estamos—", en referencia a los choferes de micros de larga distancia. Y sigo escuchando y leyendo: "En manos de gente inescrupulosa e irresponsable, verdaderos homicidas al volante que vulneran el derecho a la vida poniéndonos en el límite entre la vida y la muerte". Y yo acuerdo, pero agrego: "Al volante de la sociedad toda, es que hay inescrupulosos e irresponsables". Los choferes son un resultado más de un esquema de elección de sueldos, haberes, horarios a cumplir, de velocidades y de reglamentos aprobados por los legisladores y los ejecutivos que votamos; de estados físicos y emocionales a los que ninguna empresa atiende y de tantos etcéteras que la responsabilidad –para los cortos de vista– se diluye o se confunde. Los choferes son las caras visibles del horror. Esas caras que uno necesita demonizar para calmar la desazón existencial que producen estos eventos. Pero, tras la desazón y la angustia, pongámonos los pantalones largos: es necesario que logremos comprender que es el Estado quien decide dónde, cómo y a quién destina los fondos que recauda y quién decide las estrategias de control que no permiten que actividad privada alguna transgreda la ley, único invento humano que intenta acoger a todos en un territorio nacional. Todos aquellos espacios y actores que el Estado olvida devienen espacios y actores peligrosos para todos los que habitamos su territorio nacional. El Estado es, cotidianamente, sus autoridades, legisladoras, ejecutivas y judiciales, cuyas decisiones nos incumben porque nos modifican a diario. Si hay "gente inescrupulosa e irresponsable, verdaderos homicidas al volante" no los busquemos, otra vez, en uno de los últimos eslabones de la cadena de las responsabilidades cívicas.
Diego Sachella.
diegosachella@hotmail.com