Viernes 13 de Junio de 2008
Me crié entre Venado Tuerto y Villa Cañás y resido en España hace 20 años. Soy ingeniero por la UNR y doctor "cum laude" en inteligencia artificial por la Universidad Politécnica de Madrid. Llevo 15 años como empresario en España y Europa y viajo dos o tres veces por año a la Argentina. El último hace dos meses en el inicio del conflicto que los enfrenta y tiene al resto del país y del mundo como espectadores a la espera de una solución. Mi situación de estar al mismo tiempo cerca y lejos de ustedes me lleva a realizar la siguiente reflexión. Estando allá y de regreso en España, he venido escuchando a las dos partes y he seguido a diario el conflicto, recibí cientos de mails con argumentos razonados a favor del gobierno y del campo, al principio consideraba que uno de ustedes tenía razón a tal punto que he llegado a reenviar mensajes a gente amiga, pero ha pasado demasiado tiempo y no voy a seguir alentando una mayor confrontación y radicalización de posturas, para terminar finalmente en el fanatismo, que es igual a la falta absoluta de razón. En la primera o segunda semana del conflicto llegué a considerar aceptables los argumentos razonados de cada uno, pero la negociación razonada ya ha caducado, el corazón empezó a imponerse sobre la razón y hoy ya nadie escucha a nadie. Ustedes (gobierno y dirigentes rurales) han afirmado que es el momento de aprovechar la coyuntura y, me permito añadir, de gestionar la abundancia de los recursos de Argentina que la llevaron al top-ten mundial hace décadas; sus palabras nos invitan a soñar, pero sus gestos nos conducen a una nueva pesadilla. Ese activo importante que tiene el país, como son unas tierras únicas en el mundo, que unido al conocimiento de unos profesionales mejor preparados que sus ancestros, crean condiciones superadoras que estamos desaprovechando y, permítanme que les diga con todo respeto, que esto se debe a que en sus cabezas la mentalidad de la miseria está ganando el pulso a la idea de la abundancia que predican desde posiciones enfrentadas, y no me estoy refiriendo a la "abundancia" que ha sido mencionada en ocasiones como palabra gruesa para descalificar durante el conflicto. Para terminar mi reflexión, quiero centrarme en el paradigma abundancia-miseria y recordarles que en una mente miserable prevalece la idea de que para ganar el otro debe perder, mientras que la mentalidad opuesta considera que las dos partes que confrontan pueden salir beneficiadas. El resultado de este conflicto tiene dos escenarios, o se ponen de acuerdo y ganan las dos partes, en definitiva gana la Argentina o los dos pierden, lo que sería muy grave para el país; si intentan justificar un tercer escenario en el que uno gana y el otro pierde, no nos engañen porque automáticamente se convertirá en el segundo escenario en el que las dos partes pierden.
Guillermo Vázquez (Madrid, España)