Inseguridad y discurso
Leí las opiniones, sin duda personales, vertidas por el presidente del Colegio de Abogados en un acto de homenaje de un joven abogado que fuera asesinado hace pocos días.

Viernes 18 de Abril de 2008

Leí las opiniones, sin duda personales, vertidas por el presidente del Colegio de Abogados en un acto de homenaje de un joven abogado que fuera asesinado hace pocos días. Digo personales, porque el presidente del Colegio de Abogados de ninguna manera es la voz de los abogados, y además porque sus manifestaciones, sinceramente, no representan a un hombre del derecho. Lamento mucho la muerte de este joven, como lamento la muerte producto de la violencia de muchas personas, violencias cometidas por el delito, pero también violencia originada por el propio Estado, producto de la pobreza, de la falta de alimentación, de educación y de salud. Pero el dolor, que puede justificar ciertos opiniones en familiares y amigos de la víctima, no pueden reproducirse en quien tiene cierta responsabilidad por el cargo que ocupa. Vivimos en un estado de derecho, y en el mismo se debe garantizar los derechos de todas las personas, sin distingo alguno. Personas, no ciudadanos. Personas, no ciudadanos honestos. El problema de la inseguridad y de la impunidad lesiona los derechos de todos, sin distinción alguna. Y la diferencia que usted marca, doctor Araujo, lo único que hace es fomentar una dicotomía en la sociedad que en nada nos beneficia. No hay un derecho para los "ciudadanos honestos" y otro para el "resto", tampoco hay una justicia para los "ciudadanos honestos" y una distinta para los "otros". Por otra parte, ¿quién distingue o establece quiénes son los ciudadanos honestos? Porque la realidad es que para ciertas personas, pertenecientes a ciertos sectores sociales, principalmente dirigentes, se dirá que son "honestos" mientras no pese sobre ellos condena penal firme, respetando en un todo el principio de inocencia. Los otros sectores, dejarán de ser honestos desde el momento que la policía los detenga. Por ello, la Justicia, la seguridad, el fin de la impunidad debe ser un reclamo para todos las personas, sin distinciones, ya que sino justificamos lo injustificable, porque si ceñimos el derecho a la seguridad y a la falta de impunidad a los "ciudadanos honestos", estamos dejando afuera a los "otros" y entonces se justificará la muerte del que delinque, y de aquellos que "presumimos" no son "ciudadanos honestos".

Carmen Maidagan (abogada)