Cartas de lectores

Indignación, impotencia, rabia

Soy una docente, pero para el Estado soy una docente de segunda, al igual que mis colegas, las que trabajamos educando la primera infancia.

Lunes 08 de Junio de 2020

Soy una docente, pero para el Estado soy una docente de segunda, al igual que mis colegas, las que trabajamos educando la primera infancia. Las que somos los primeros referentes de los niños, las que los guiamos en sus primeros pasos, estimulándolos y educándolos con los escasos recursos que este país nos pone a disposición, con el casi nulo acompañamiento pedagógico de quienes dicen "regularnos". "No pertenecemos al sistema educativo", según los dichos de la señora ministra Adriana Cantero. Como si nuestros alumnos pertenecieran a otro mundo, a otro planeta. Dichos que causan angustia a quienes hace más de 70 días vemos como se desmoronan nuestros sueños, nuestras instituciones. Tenemos un proyecto educativo, planificamos, nos capacitamos y nos hacemos responsables de aquello que ustedes no se están haciendo: nos ocupamos de educar a niños desde los 45 días hasta los 4 años. Pero parece que eso lo tienen bien en cuenta, cuando por no construir aulas ni dar cargos docentes nos utilizan para que eduquemos a los niños y niñas de salas de 4 años, que sí pertenecen a su sistema educativo, pero que no tienen cómo ni dónde incorporar. Soy una docente precarizada por el mismo Estado que "dice pensar en la infancia". Nos obligan a fundirnos, a dejar docentes sin trabajo y niños sin educación. Sólo porque entre ustedes, señores del Estado, no se ponen de acuerdo si somos verdulerías o instituciones educativas. Le preguntaría con todo respeto a la señora ministra: ¿usted está al tanto de la ley de Educación? ¿De los derechos del niño? ¿De las convenciones internacionales? ¿Usted está al tanto que estamos inmersos en una pandemia? Por cierto, una situación excepcional que amerita que los funcionarios pagados con nuestros impuestos se pongan a la altura ¿O pretende manejar esta situación cómo si siguiéramos viviendo en la misma sociedad que antes? ¿Usted está al tanto que docentes recibidas en sus profesorados están pidiendo bolsones de comida o vendiendo empanadas para subsistir? Señores del Estado, prendan los televisores y las radios, lean y recorran, ustedes que pueden salir, y empápense un poco de realidad.

Viviana Burelli

DNI 18.503.038

Simplemente cuidar la salud

El viernes pasado en la ciudad de Santa Fe nos enteramos que en una ambulancia del Ministerio de Salud de la provincia vino una médica acompañando a una paciente embarazada desde la ciudad de Villa Ocampo, al Hospital Iturraspe. Al llegar se enteraron de que la médica había dado positivo por Covid-19. Ahora están esperando el resultado de la embarazada. Hacía 70 días que en la ciudad y zona no teníamos casos. Son unos genios. Trajeron el virus en ambulancia. Son insuperables.

María Claudia Pettinari

De Strassera a Rivarola

Pensar que hubo un fiscal de la Nación como Strassera, que se la jugó en pos de que la Justicia no fuera una mera entelequia en la Argentina para transformarla en realidad con su inolvidable "Nunca más" a las juntas militares. Que gozando de las mieles que aquella actuación le valió (había sido nombrado embajador ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra) renunció a esa distinción (y a los 10.000 dólares mensuales que percibía en el cargo) cuando el entonces presidente Menem indultó a quienes él había sentenciado, en una actitud que lo distinguió, pues no hizo otra cosa que mostrar su verdadera estatura moral. Y pensar que hoy, Fernando Rivarola, fiscal de Rawson, atenuó la calificación de una violación en manada cometida por cinco jóvenes (hijos de influyentes personalidades de Chubut) al argumentar que se trató de un "accionar doloso de desahogo sexual". Algo parecido al fallo Tiraboschi, donde por opinión de Zaffaroni, se redujo la pena de violación a "abuso deshonesto" porque según él, el hecho imputable "se consumó a oscuras, lo que redujo aún más el contenido traumático de la desfavorable vivencia para la menor". Por eso, cuando nos preguntemos cómo el Poder Judicial pudo haber caído en esta oscuridad deberíamos tener a tiro la respuesta inmediata: porque la catadura moral de muchos de quienes son hoy jueces y fiscales queda expuesta en sus fallos, que hablan por sí mismos.

Juan José de Guzmán

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