Indec, necesidad de un cambio
Los sistemas de gobiernos serios, comprometidos con el bienestar de sus gobernados, utilizan los índices económicos para analizar objetivamente sus progresos y desaciertos. Ese compromiso conlleva asumir una elemental pauta de conducta: los índices deben ser sinceros con la realidad. Con ellos se analiza el pasado y se construye el futuro...

Lunes 25 de Agosto de 2008

 Su distorsión imposibilita la toma de decisiones adecuadas. Esta realidad es tan obvia como necesaria y deben cumplirla todos aquellos responsables de llevar una administración, aun la más doméstica. Cuando hablamos de los índices de la Nación, mayor es el deber de seriedad y objetividad a asumir. Esto tiene mucho que ver con la credibilidad que genera en la sociedad, ¿cómo creer a quien esfuerza los números hasta el grado de lo inverosímil? Nadie miente por mentir, el que miente, algo esconde, el que esconde no es sincero, el falto de sinceridad no es creíble. Esto pasa con el Indec, que desde hace tiempo ha perdido el camino de la objetividad y credibilidad, absurdamente alejado de la realidad crítica en la que nos encontramos inmersos, habiendo sido reducido a los sórdidos intereses políticos. Dirigido por quien no favorece a la institución, menos al gobierno y no convence ni al ciudadano menos ávido. Sin perjuicio del público deterioro que ello conlleva, el gobierno sostiene injustificadamente a su cabeza asumiendo un costo político que lo arrastra a la pérdida de confianza y afianzando una crisis económica que todos deberemos asumir inexorablemente. El Indec debe volver a ser una institución del Estado seria, creíble, cierta en sus análisis, objetiva en sus criterios y apolítica en sus mediciones. Ello permitirá construir una Nación y cumplir lo que la sociedad pide a gritos.

Marcelo A Vidal, DNI 14.494.339