Cartas de lectores

Imágenes religiosas (IV)

Felicito al señor que escribió la breve carta del viernes 16 de noviembre pasado, donde señala la banalidad de la campaña por remover imágenes religiosas de edificios públicos, desde una perspectiva objetiva y lejos de ser un "fanático religioso", ya que él mismo se declara "agnóstico cabal".

Jueves 22 de Noviembre de 2018

Felicito al señor que escribió la breve carta del viernes 16 de noviembre pasado, donde señala la banalidad de la campaña por remover imágenes religiosas de edificios públicos, desde una perspectiva objetiva y lejos de ser un "fanático religioso", ya que él mismo se declara "agnóstico cabal". De la misma forma yo me declaro ateo y considero la actual campaña un circo con fines meramente alienantes cuyo único objeto es causar discordia para provocar confrontación en la sociedad, distrayéndonos de los problemas de fondo y engañando tanto a cristianos como a ateos, ya que remover fotitos y crucifijos no quita el hecho de que la Iglesia Católica seguirá siendo parte del Estado y el clero continúa siendo financiado por los contribuyentes. Por ende, quitar crucifijos sin separar a la Iglesia del Estado es sólo un acto de poner el carro adelante del caballo. Esta medida busca forzar a los creyentes a virar hacia el conservadurismo de derecha y forzar a los secularistas a contentarse con una izquierda "progre" para la cual hacer cambios cosméticos, como descolgar imágenes religiosas, ya es suficiente motivo para creerse revolucionarios. Mientras, la superestructura del sistema y de la Iglesia misma continúa intacta y financiada por ese mismo Estado "progre" que finge ser laico para la tribuna, pero detrás del telón continúa haciendo política con lobbistas religiosos. Les recuerdo a los lectores que EEUU es un estado laico "de iure", pero la política estadounidense "de facto" es dirigida por lobbistas que mueven los hilos desde sectas religiosas, con lo cual el pseudolaicismo promovido por el posmodernismo es encubridor del sectarismo religioso más reaccionario.

Mathias Orué Suleimán


Sobre la tragedia del submarino ARA San Juan

Hace ya tiempo, alguien me dijo que un buen creador nunca miente, ensueña a su público, pero su obra es creada sincera, simple, sólida y efímera, porque el tiempo arrebata autorías e intenciones y dota a esa criatura de la invención de una cara nueva, ajena a la voluntad de quien le diera vida. Al parecer esa tácita regla cambió la suerte del relato, de autoría oficial, que en formato de tragedia épica, algo desprolija, nos presentara la misteriosa desaparición del ARA San Juan en formato bolsillo e ilustrado en un vano intento de acotar lecturas. Algo me dice que faltó destreza en el trazo de esa obra, que los autores mintieron tanto que esa historia oficial del submarino argentino hundido perdió lustre mostrándose falsa, complicada, endeble y curiosamente creada para perdurar intacta. Pero cuando el tema de un relato es sentido, y el público es el actor, el forzar intenciones en la narrativa dicta su final. Los malos creadores existen, y las malas obras, como ese relato construido durante un año para el ARA San Juan y sus tripulantes, lejos de maravillar lastiman. Ya no hay duelo o lamento que corrija lo no dicho.

DNI 21.653.863


G20: como en los viejos asaltos

Allá lejos y hace tiempo "un asalto" era una reunión en una casa de algún barrio corriente, donde bailábamos al compás de los discos "de moda" que pasábamos en el Winco. Los asaltos que conocí eran algo así como un baile de familia, pero entiendo que los había de otras modalidades incluyendo aquellos en los que cada uno traía comida para contribuir algo, como ocurre cualquier fin de semana cuando se juntan las familias en estos tiempos de malaria y uno lleva el queso cremoso, otro la prepizza y otro la birra que esté en oferta. Sea como fuere, veo que Mauricio Macri, un presidente austero que se siente obligado a dar una fiesta en tiempos de cólera (porque convengamos que la gente no está contenta) ha tratado de reducir el desembolso del G20 pidiendo que cada visitante traiga "algo". Resulta ser entonces que los chinos contribuirán con vehículos blindados y motos; los italianos y franceses con helicópteros; los israelíes con lanchas (de guerra supongo); y los norteamericanos con aviones caza. Con permiso garantizado para derribar lo que venga, confiemos en que a algún villero "anarquista" no se le ocurra tratar de remar en un bote en Palermo mientras agita una pancarta con la letra del jingle de moda porque se arma la Tercera Guerra Mundial.

Leonardo Peusner


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