Miércoles 02 de Abril de 2008
Por vueltas del 1870 algunos inmigrantes italianos, padres de nuestros abuelos, se radicaron en la zona agrícola argentina para reconstruir una vida que en Europa no encontraba proyecciones. Fueron hombres simples que cruzaron el Atlántico para laborar el suelo argentino con sus manos, regarlos con el sudor, fortalecerlo con sus hijos. Fueron familias valientes y cuentan que se aventuraron en lo desconocido movidos por una fantasía de realizaciones. Políticas benefactoras les facilitaron las tierras que luego les quitaron con políticas impositivas. El agricultor sobreviviente, en la historia, parece estar condenado a poner raíces en la tierra para fortalecer la buena vida de algunos pocos. Cargas impositivas no sorprenden, lo que llama la atención y creo que debe ser respetado es que hoy los descendientes de aquellas familias respondan con la valentía y la fuerza que impulsara a sus antepasados en tiempos difíciles. No es fácil calcular hasta dónde pueden llegar, porque siempre estuvieron presentes.
Gustavo Héctor Brun, brun@unijui.tche.br