Jueves 06 de Marzo de 2008
En un diario porteño del pasado domingo, Felipe Pigna escribe lo siguiente en un texto referido a la fiebre amarilla: "Los basurales abundaban particularmente en los «barrios bajos». El método para achicar los volúmenes de basura era absolutamente insalubre y consistía en pasar por encima de los desperdicios una gran piedra aplanadora que reducía el tamaño de los desperdicios pero no los eliminaba sino que los dispersaba..." Es lo que sucede actualmente en la calle Rueda a la altura del 5.000, entre Felipe Moré y las vías del ferrocarril. Una máquina de la empresa que recoge los residuos, a diario excava para retirarlos, los desparrama y queda un pozo que con las lluvias se llena de agua estancada. Es el lugar ideal para la proliferación de mosquitos y su reproducción. Se repiten las condiciones sanitarias de 1871. Es el castigo que tenemos los vecinos de los barrios que forman parte de "la otra Rosario". ¿Ninguna autoridad municipal puede verlo ni darle solución? Los invito a visitar el sitio y comprobarlo.
Ana María Lanati, LC 6.210.035