Cartas de lectores

Hermanos contra hermanos

Domingo 07 de Enero de 2018

Muchos argentinos fuimos sorprendidos por la gigantesca tormenta de violencia desatada el 18 de diciembre de 2017 que dejó reflejada en la historia argentina lo mal que está una parte de nuestra sociedad. La que obviamente se preparó para derrotar al gobierno seguramente por motivos que la Justicia irá analizando en el tiempo. Evidentemente se jugaron al todo o nada. No les importó que los piedrazos golpearan a los trabajadores de la policía, a los periodistas, o a los que solo querían manifestarse contra una ley que evidentemente a la mayoría del pueblo no le gusta, porque el objetivo, el único objetivo, era derrotar al gobierno, a sabiendas de que con ello hacían tambalear la democracia. Y usaron el único método que conocen. La violencia entre hermanos. Por suerte la tecnología moderna con el arriesgado trabajo de periodistas y camarógrafos de todos los canales dejó reflejada esta verdad que contraría los sentimientos de paz de todos los argentinos de buena fe. Una gran parte de la población salió a manifestarse pacífica y firmemente contra una ley que no gusta, y sobre la cual se han vertido múltiples opiniones. Aunque muchos se quedaron en casa por temor a los vándalos organizados. Vándalos que por suerte en minoría, aprovechando el tratamiento poco inteligente del gobierno a una ley tan trascendente, se prepararon con furia para derrotarlos. Porque hace muchos años que los planes sociales son injustos, que los jubilados cobran por debajo del índice de pobreza, ¿y recién ahora se dieron cuenta? Todos vimos como la policía puso el cuerpo sin responder durante horas. Está grabado por todos los canales. Opositores o no. De no haber existido esta violenta acción organizada una gran mayoría hubiera hecho sentir pacíficamente su grito silencioso en las calles del país y quizás hoy la ley sería sólo una anécdota. Y el gobierno hubiera aprendido a escuchar o a comunicarse mejor con el pueblo. Pero ese no era el fin de los violentos. Usaron el proyecto de ley, tratado en fecha inapropiada y con apuro inexplicable, para hacer valer intereses que no están claros aún, pero que nada tienen que ver con el juego de la democracia. Por todo ello, para mí, hoy más que nunca, debemos estar unidos los argentinos de buena fe, que no tenemos deudas con la Justicia, y que en paz, absolutamente en paz, necesitamos una Argentina mejor para todos, comenzando por lo más urgente, los niños pobres, y los jubilados con la mínima. Ambos, hace muchísimos años que no tienen tiempo. Ojalá así sea.

Edith Michelotti


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