Cartas de lectores

Hartos de la violencia y la corrupción, los mexicanos quieren un cambio real

El izquierdista Andrés Manuel López Obrador capitaliza el malestar ciudadano con los partidos tradicionales, y es firme favorito a la presidencia.

Viernes 29 de Junio de 2018

Cansados de la corrupción rampante y la ola de violencia, muchos mexicanos dicen que su país se prepara para una transformación histórica en la elección presidencial del domingo, pero otros temen que sea el inicio de una era de populismo con un régimen autocrático. El pararrayos de estas opiniones tan divergentes es Andrés Manuel López Obrador, antes un fogoso izquierdista que moderó su tono y buscó alianzas en todo el espectro político luego de dos candidaturas presidenciales fallidas y de haber dirigido protestas masivas contra un presunto fraude electoral. A pesar de su nueva imagen, el candidato de 64 años conocido como AMLO aparentemente confía más en la misión que se impuso que en las leyes de la economía moderna y promete arrancar el control del país a la "mafia del poder" contra la cual ha despotricado durante décadas. El ex alcalde de la Ciudad de México (2000-2005), dijo que de llegar a la presidencia realizará una "transformación pacífica y ordenada. Una transformación sin violencia", pero también "radical".

Es tal el nivel de disgusto con el "statu quo" político, las tasas de homicidio históricamente altas y la corrupción rampante que hasta sus rivales tratan de convencer a los votantes que representan el "cambio real" y a la vez advierten que un triunfo de López Obrador significaría el comienzo de una era de derrumbe económico y régimen autoritario como en Venezuela. "Lo que el pueblo ha establecido en esta elección es no a la continuidad del modelo neoliberal", dijo el graduado en economía Rogelio Salgado, de 30 años, que piensa votar por AMLO. "El punto es sacarlos a todos, sin excepción". Salgado hace la lista de los males atribuidos al gobierno saliente del presidente Enrique Peña Nieto: bajo crecimiento económico, pandillas asesinas y un sistema judicial que no funciona.

El voto del miedo

López Obrador encabeza la mayoría de las encuestas con 20 puntos de ventaja o incluso más, pero el segundo en las preferencias, Ricardo Anaya —un político conservador joven, tecnológicamente diestro, que encabeza una coalición de centroderecha— espera que quienes temen al izquierdista voten por él. Algunos lo harán, como Alfonso Ulloa, de 33 años, especialista en gas natural en un organismo de energía del gobierno. Ulloa ha trabajado en los esfuerzos de México de abrir el sector energético estatal, con proyectos de importación de gas natural barato desde Estados Unidos y teme que López Obrador cancele esos proyectos tan importantes para la economía. "Voy a votar por el segundo lugar para quitarle un poco de peso", dijo en alusión a López Obrador. "Lo principal es el atraso económico y yo creo que AMLO va a darle en la madre al proceso económico".

En tercer lugar va José Antonio Meade, candidato del gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI), quien promete mano firme y experiencia. Esto es importante en un país que enfrenta las agresiones, tan constantes como imprevisibles, del presidente estadounidense Donald Trump. Meade cuenta con la aceitada maquinaria de movilización del voto de un partido que tiene casi 90 años de existencia y 77 en el poder. Pero lo que definió el debate hasta el momento es la corrupción.

López Obrador despotrica contra lo que llama la alianza «non sancta» de empresarios y políticos corruptos que desangró a México y promete destruir esa relación en una transformación histórica nacional, tal como el presidente Benito Juárez deshizo el control de la economía nacional por la Iglesia Católica en la década de 1850. López Obrador dijo que su gobierno abrirá paso a un cambio tan grande como el movimiento de Independencia de 1810 o la Revolución de 1910. "Esta transformación consiste en arrancar de raíz este régimen corrupto", dijo el miércoles López Obrador ante una animada multitud de casi 100.000 personas en su cierre de campaña en el estado Azteca de Ciudad de México. "Mi gobierno va a ser del pueblo, para el pueblo y con el pueblo", agregó.

Mientras tanto, Anaya dice que el gobierno lo ataca directamente, al filtrar los detalles de una investigación por lavado de dinero que lo implica y promete someter a Peña Nieto a la Justicia. "¿Saben por qué nos ataca el régimen de Peña Nieto?", preguntó Anaya en un acto electoral en Ciudad de México. "Porque nos tienen miedo y con toda razón, porque cuando yo sea presidente de México habrá una fiscalía que investigará al presidente Enrique Peña Nieto y su participación en los escándalos de corrupción del sexenio". La ruptura con Peña es importante: desde la primera transición democrática de México en 2000, el Partido Acción Nacional (PAN) de Anaya ha gobernado de la mano con el PRI al aprobar reformas económicas orientadas al mercado.

López Obrador atacó la alianza bipartidista en sus dos intentos anteriores de ganar la presidencia y dice que son lo mismo. Ahora, en su tercer intento, parece que llegó la hora de AMLO. La política económica orientada hacia el mercado logró un crecimiento económico de apenas 1,3 por ciento anual y todo México reaccionó con indignación cuando la primera dama Angélica Rivera fue sorprendida comprando una mansión a un contratista favorecido por el gobierno. La ventaja de López Obrador en las encuestas es tan amplia, que buena parte de la atención está enfocada en si su partido MORENA, que es relativamente nuevo, puede ganar la mayoría en el Congreso.

La inmigración, ausente

Antes un iracundo, López Obrador se volvió más jocoso. Cuando sus adversarios lo acusaron de beneficiarse con la injerencia rusa en la campaña, se autobautizó "Andrés Manuelovich". Se hizo filmar en un video junto al mar donde dijo que esperaba una entrega de oro ruso. López Obrador incluso comenzó a hacer bromas sobre las críticas que le hacen por haberse postulado tres veces a la presidencia, con prácticamente el mismo discurso en cada ocasión. "Todo ha sido posible por la perseverancia, la terquedad, la necedad", dijo en su cierre de campaña. Prometió una "transformación radical", pero de acuerdo con su principal asesor, el empresario Alfonso Romo, sus medidas económicas serían más bien moderadas. "No queremos nueva deuda, no queremos déficit", dijo Romo. "Creo que estamos en una posición correcta, de en medio".

Aunque las separaciones de las familias migrantes en la frontera por las autoridades estadounidenses acapararon los titulares, la inmigración no figuró como tema de debate en la elección mexicana. Los tres candidatos principales se comprometieron a defender a los migrantes mexicanos en Estados Unidos, a pesar de los escasos medios con que cuentan para hacerlo.

El problema más inmediato del país es acaso la violencia. La tasa de homicidios va en camino de alcanzar los 25 por 100.000 habitantes para fines de año y ninguno de los candidatos presentó propuestas concretas o creíbles para reformar la policía o mejorar la seguridad. Las propuestas van desde lo extravagante —el candidato independiente Jaime Rodríguez pretende amputar las manos de los empleados públicos que roban— hasta la vaguedad desesperante: López Obrador formuló la propuesta de una "amnistía", que según sus asesores serían acuerdos de indulgencia penal o indultos para los cultivadores de la amapola o la marihuana.

Finalmente, los tres candidatos discrepan acerca de quién será el más apto para manejar a Trump, ampliamente odiado en México. Anaya destaca su conocimiento de idiomas y su destreza tecnológica. Meade confía en su experiencia en el gobierno, pero los intentos del gobierno actual de congraciarse con Trump lo perjudicaron. López Obrador dice que no quiere reñir con Estados Unidos, pero algunos temen que un populista fogoso no sea el mejor para tratar con un populista locuaz. Romo descarta este temor: "Hay un dicho que dice, dos abejas no se pican".


¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario