Cartas de lectores

Gracias por abrirnos los ojos

Luego de ver su participación en el programa "Animales sueltos" del jueves último, imagino que como yo, debe haber un número importante de argentinos que nos dimos cuenta de que el nuestro es un país sin destino.

Martes 21 de Agosto de 2018

Luego de ver su participación en el programa "Animales sueltos" del jueves último, imagino que como yo, debe haber un número importante de argentinos que nos dimos cuenta de que el nuestro es un país sin destino. No me interesa en esta carta abrir un debate sobre cuál es la filiación política del periodista y escritor Jorge "Turco" Asís, ni sobre qué ideales o intereses representa (que son tan difusos como sus análisis). Quien haya seguido sus elucubraciones políticas, con algún grado de asiduidad, debe haber experimentado en más de una ocasión la sensación de que lo que él diga en un editorial o manifieste en una entrevista podrá durar lo que una "flatulencia en una canasta". Así de variables son sus definiciones (eso sí, siempre escudándose en el "no lo digo yo, es lo que dicen por allí"), mientras acomoda su cara de pícaro, como aquel que tiene el as de espadas, aunque dice estar "ciego" para la segunda. Eso sí, siempre tendrá a tiro un "yo, esto te lo dije hace...". Su velada defensa del cristinismo subyace en sus insinuaciones de que detrás de este "cuadernogate" hay un negocio montado para que "capitales foráneos se queden con las empresas argentinas acusadas, por tan sólo unas monedas". Con esa soberbia del canchero que se las sabe todas (en el bar), abusó de la incredulidad de un Fantino que no estaba preparado para escuchar lo que irresponsablemente lanzaba al aire en su programa, el señor Asís. Llegó a decir, que "había gente que decía, por lo bajo", que este gobierno no termina. Siempre con su misma gastada muletilla, "es lo que dicen, no lo que digo yo". ¿Se entiende? Me queda la sensación de que, jugando al truco, a una pareja formada por Asís-Aníbal Fernández, no habría con qué darle. Ahora, si pretendemos escuchar algo interesante yo recomendaría a Pavarotti (que no nos va a defraudar).

Mariano Aldao


Que Francisco se pronuncie

Los argentinos esperamos con ansiedad que el Vaticano, igual que lo hizo con las víctimas de abuso al que fueron sometidas por 300 curas católicos en Pensilvania, se manifieste en el mismo sentido respecto a las víctimas del latrocinio que él apoyó, cada vez que la Justicia de su país apuntó contra un hecho de corrupción perpetrado por el gobierno kirchnerista durante la "década ganada". No es necesario que envíe 44 millones de rosarios benditos, el Santo Padre, ni que se digne a ponernos en agenda para una futura visita, sólo esperamos un pronunciamiento firme contra el latrocinio que sufrió "su amada" Argentina.

Juan Manuel Irala


Los últimos enciclopedistas

Querer atesorar todo el conocimiento actual en forma escrita en un libro es una utopía irrealizable. Si bien considero a ésta como algo impensable de alcanzar, como querer tocar el horizonte, por ejemplo, es el motor que estimula a lograr los objetivos propuestos. Los enciclopedistas del siglo XVIII crearon la Enciclopedia Francesa que compilaba todo el conocimiento científico y artístico de la época, en el contexto de siglo de las luces y el iluminismo, cuando la filosofía cartesiana y escritores como Voltaire sentaban las bases del racionalismo que incubó los principios de: "libertad, igualdad, fraternidad". En la actualidad, los acontecimientos, las ideas, los descubrimientos, fluyen con la rapidez casi de la luz, mediante las denominadas TICs (Tecnologías de la Información y Comunicación). Los paradigmas están en permanente revisión, lo que hace que la definición de un reconocido lingüista tenga real vigencia: los analfabetos del siglo XXI no serán los que no sepan leer o escribir, sino los que no sepan aprender, desaprender y reaprender.

Alejo Vercesi


Hipocresía de la Justicia autónoma

Todo se soluciona dándole un nombre pintoresco, si es posible en latín o en griego, para que suene elevado, intelectual, erudito. En el caso del ex juez Norberto Oyarbide se considera a la sentencia no válida y se vuelve a juzgar, esto sienta jurisprudencia para que los próximos gobiernos actúen de la misma manera. A la de Oyarbide, las llaman "irritans", las próximas podrían ser "urticarians". Mientras tanto, los giles seguimos pagando impuestos de Suecia. Fortunas a jueces que ya no pueden más que reconocer que sus sentencias están condicionadas por el poder de turno. ¿Por qué estos casos no son juzgados por tribunales colegiados con voto secreto o tribunales internacionales no influenciables? Ah, ya sé, porque hay que mantener la hipocresía de una Justicia independiente.

Carlos Biagioli


¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario